Aureal Troopers- Capitulo XIII
Tal y como Tarantula había jurado, las tormentas invernales
y los ataques a los pobladores de zonas rurales de Paru habian cesado, aun con
la duda del grupo, Kaine pudo convencerlos de que estaban en buenas manos. Era
el momento perfecto para acabar con todo; su siguiente objetivo era el vaticano
y por ende, el papa.
—¿Tienes alguna idea, Reimu? — Morry
tenia las manos entrelazadas, sentado y con la cabeza agachada, su semblante
serio era una faceta que sus amigos no habian visto en el antes, ni siquiera en
los combates.
—Tengo un plan de ataque, es algo
arriesgado, pero ahora que sabemos que no tiene mas fuerzas esperara un ataque
directo. Mi idea era que yo y estos dos atacaramos desde la distancia mientras
ustedes tres se infiltraban por debajo, tal vez podamos darles tiempo en lo que
destruyen la nave — la mujer apunto a
Ikki y Mina, que estaban dispuestos.
—Esto no me gusta nada — la piel de
gallina que traía el Argentalio hizo que se sobara los brazos —, hay algo que
me dice que algo no saldrá bien.
Mientras la discusión se llevaba a cabo,
el mas pequeño del grupo llevo la vista a sus muñequeras, apretó sus manos
entre si, recordando las palabras de Shigeta. Cuando nadie lo vio salio hacia
una de las salas de al lado, soltando un suspiro busco calmar las ansias de su
ser, pero era imposible tan siquiera pensar en algo mas alla que lo que tenia
en frente.
—Nunca había estado en este lado del
santurio — levanto la cabeza, mirando las estanterías llenas de polvo y libros
viejos, poso sus dedos sobre las portadas de alguno a la vez que caminaba en
busca de algo que lo ayudara a distraerse. Pero se topo con algo que lo dejo
helado, pues en su movimiento desinteresado había acabado por limpiar la
suciedad de un marco de fotos. Frente a el, había una foto de Reimu
visiblemente mas joven, junto a Morry… Al lado de Isaac.
—Alex, ¿Qué haces ahí? — la chica estaba
detrás, mirando con seriedad al menor.
—Yo… ¿Qué es esto, Reimu? — no se atrevió
a mirarla, es mas, estaba asustado de lo que podría pasar.
—Mira la imagen completa — contesto ella,
pero no con frialdad o desde, sino con pena. El de color hizo caso quedando
estupefacto; la foto constaba de los tres ya mencionados junto a otra mujer al
lado de Isaac, una mujer de aspecto angelica, bella, de una piel ligeramente
tostada y un cabello rubio blanquecino, sobre ellos estaba su abuelo y dos
personas mas, una mujer y otro hombre de mayor altura.
—¿Quién es esta mujer? — no recibió una
respuesta inmediata de Reimu, sino que fue Morry que le confeso la verdad.
—Era la prometida de Isaac — Morry trago
saliva, antes de levar su mano al pecho y bajar la mirada.
—¿Qué le paso? ¿Por qué no lo detiene? —
atónico, el niño no despego la mirada de la imagen — ¡Tal vez ella poodria
acabar con todo esto!
—¡Esta muerta! — Revelo la mujer mientras
sus ojos se hinchaban, no pudo evitar darse la vuelta y salir hacia afuera,
seguida de Morry quien trato de calmarla. Alex se quedo en un profundo silencio
mientras trataba de procesar todo lo que había oído. Todo estaba cobrando cierto
sentido al final.
. . .
Kaine se encerro an una habitación,
mirando a ambos costados asegurándose de no ser visto se llevo una mano a un
bolsillo, sacando de este un pequeño ratoncito gordo. Llevaba una peluca hecha
a mano.
—Muy bien señor Teddy, me temo que
nuestros caminos se separan aquí por ahora — la rata solo movia su cola,
buscando safarse.
—¿Desde hace cuanto la tienes allí? —
Mina y Ikki estaban justo a sus lados, el castaño se puso rojo como tomate.
—¡AHHH! ¡Digo! ¡miren, es la Mona Gimenez!
— el duo de idiotas se dio la vuelta con entusiasmo mientras Kaine dejaba ir al
pequeño raton, después suspiro con alivio —, ¿no saben que es de mala educción
espiar?
—Pero si estas en la cocina — contradijo
la chica.
—¡Pero esperaba estar a solas!
—Eso no tiene sentido — dijo Ikki antes
de eructar. Kaine se agarro la nariz, abriendo la ventana —, ¿Qué mierda come
este boludo?
El oído del castaño temblo al oir una
charla, maximizando su aura pudo oir de quienes se trataban: Morry, Reimu y
Alex. La sacerdotisa parecía aguantar las ganas de hecharse a llorar pero aun
asi empezó a explicar algo.
—Esto es difícil, pero debes saberlo,
Isaac no es mala persona. O mas bien, no lo era, era un teólogo muy famoso
entre los estudiantes del vaticano, un erudito que siempre había preferido la
palabra sobre la pelea — Reimu corrió su cabello a un costado.
—¿Y que paso? — interrumpio Alex.
—Fue una tarde nublada —prosiguió Morry,
levantando el rostro con una profunda tristeza.
. . .
Marisa era una mujer adepta a la magia,
mejor amiga de Reimu y de Morry. Al igual que ellos, se trataba de una santa, y
no una cualquiera, sino la adepta a ser la primera sacerdotisa mayor de
All-Mer. Claro, su actitud la metia en problemas siempre, en especial por su
problema…
—¡Reimu, te robaste de nuevo la gema de
la reina de los solárium! — la castaña se hallaba peleando contra una tribu de
amazonas, que se movían ágilmente, golpeando con aura y armas que destruían
arboles enteros.
—¡Es que se veía bonita! — era una
cleptómana de cuidado. Tras un combate del que apenas habian salido bien
paradas corrian buscando evitar el enfrentamiento, pero una cara nueva apareció
frente a ellas, sobre el águila de Reimu. En un movimiento las elevo, siendo
ayudadas por el hombre de cabello azul.
—Muchas gracias…Isaac — Reimu suspiro con
alivio.
—No tienes que agradecer — Isaac era
atractivo a su manera; pese a tener una nariz ancha su cabello lacio bien
cuidado y su rostro simétrico era atrayente, además de su altura que parecía
mayor con los zapatos que llevaba.
—Santo cielo, que muñeco — el hombre se
estremecio al ver a la rubia, sus manos se levantaron con una evidente
sudoración —, ¿tu eres el contacto de Reimu? Jajaja, que mono eres.
—I…I…Isaa… — el chico era incapaz de
siquiera levantar los ojos para ver a la rubia.
—Dejalo, estuvo como cinco años en un
internado, no ha interactuado en una mujer con esa intenciones — la castaña le
dio un buen coscorrón a su amiga rubia, mismo golpe que le hizo caer el
sombrero de bruja que traía.
—¡Oye! ¡retardada! ¡Eso duele! — la
ojiambar gruño como león, antes de abalanzarse sobre su amiga para empezar a
golpearla. Mientras el ajetreo se llevaba, Isaac las separo, ofreciendo un
gorro a la bruja.
—…Isaac, mi nombre es Isaac — su voz era
timida, pero Marisa pudo ver una pequeña sonrisa de los labios del chico de
ojos rojos.
Tal vez su historia de amor no empezó por
allí, pero el primer paso estaba dado: conocerse. El siguiente era entablar
aunque sea una relación de amistad, y asi fue.
Una fría tarde, el hombre dejo uno de
sus apuntes sobre la mesa, instante donde se hizo un café, cuando volteo los
ojos vio que su escritura había desaparecido, en la confusión, dejo su bebida a
un lado para examinar. Su suerte le llevo a que sucediera lo mismo con su cafecito.
—¡Eugh! — un quejido atrajo su atención,
cuando se dispuso a ver que era se topo con la rubia montada en su escoba, con
la boca llena de café escurrido y con los apuntes húmedos —, hey, guapo,
¿Necesitas algo?
Con
un puchero, el sacerdote agarro su libro, solo para notar como se había
arruinado. Marisa, sintiéndose mal, termino por limpiarlo con un hechizo
sencillo.
—Oye, se que eso fue pésima idea, pero,
pensaba, solo si quieres claro, ir a tomar algo como una disculpa — la chica le
guiño, aunque Isaac seguía molesto el gesto ocasiono que su rostro se pusiera
rojo. Giro la cabeza y con duda asintió —, ¡bien, bien!
Sin que pudiera objetar algo, Isaac fue
elevado por la magia de la rubia, solo para ser tacleado por la escoba
voladora. Ambos se dirigieron a una tienda cercana, algunos quedaron
sorprendidos al ver como un padre estaba con alguien tan hermosa, y la verdad
era que Marisa era una mujer bella, pechos perfectamente proporcionados, mas
grandes que el promedio de hecho, caderas anchas, nariz pequeña y unos labios
carnosos. Su ropa escotada no ayudaba a su sutileza, pero mucho de esto se
venia abajo tan apenas la sentían hablar, no tenia etiqueta alguna.
—¡Oiga,
mesera, la adolescente llena de acné, ven aquí! — Isaac se acomodo, a diferencia
de su compañera trataba de mantener bajo perfil, pero sus ojos indudablemente
se abrieron como platos al escuchar todo lo que pedia su acompañante: —, quiero
una doble nueve, déjalo reposar, queso fundido, todo con café, tráeme de esas
galletas enormes, y para acompañar una gaseosa sin azúcar, muchísimas gracias
linda.
—Yo… Un
café con dos de azúcar — Isaac centro la mirada hacia el frente, topándose con
los ojos amarillos de la bruja, cosa que lo hizo poner rojo.
—No comes
mucho, ¿verdad?
—Trato de mantener
mi figura — el de cabello azul jugaba con sus dedos en silencio. Un poco de
incomodidad, Marisa fruncio el ceño, pero se le vino una idea interesante:
—Vi, que
tenias un libro de cuántica, ¿puedo saber por que?
—¡Claro! —
entusiasmado, Isaac levanto sus dedos —, soy estudiante de cuántica y física,
hace poco hablaba con un chico de Miskatonic. Me enseño una charla de un
experto en la materia que refuto parte del Tomismo en base a la mecánica
cuántica.
—¿Y que
paso? — la mujer se llevo las manospor debajo del rostro, ahora con una sonrisa
legitima.
—Bueno,
considero que parte de sus argumentos están correctos, pero siento que le falta
algo, asi que decidi inscribirme en la universidad. Estoy buscando algún método
o teoría para comprobar que ambas ramas no tienen porque ser antagónicas,
¿entiendes? ¿No? Oh, debo parecer un nerd… —puso sus manos en la frente, pero
Marisa sostuvo con amabilidad el brazo del hombre.
—No, quiero
saber todo, yo también soy una religiosa después de todo.
La charla
duro horas, horas intensas, donde las miradas iban y venían, unas cosas
llegaban a las otras, y finalmente tuvieron que salir después de que el dueño
los obligara a marcharse. Pero las cosas no se detuvieron allí, ambos
sobrevolaron por la ciudad, observando las luces de neon, como la gente volvia
a casa o salía, y finalmente aterrizaron en una arboleda.
—Ah, sabes,
después del trabajo me gusta venir a acostarme aquí — Marisa se tiro sobre el
césped, Isaac no comprendia bien — ¡ven! ¡A mi lado!
El peliazul
poso su cuerpo junto al de Marisa, ambos observaron las estrellas en un
completo silencio, pero no uno incomodo, sino, uno confortable, hasta un par de
minutos fue que retomaron la charla.
—¿Es
hermoso, no? — La mujer giro el rostro hacia su acompañante.
—Si…Las
estrellas son el siguiente paso del hombre, y algún dia, el sistema solar.
—No eso,
quiero decir, todo. El viento, este dia, las estrellas — se sentó —, y sobre todo, tu.
—Bueno… —
Isaac sentía su rostro arder, no tenia el valor suficiente como para contestar.
—¿Te parece
si volvemos a salir? — Marisa se subió sobre su escoba —, mañana.
—¡si! —
para sacarse la idiotez agito la cabeza, solo para ver como ella despegaba.
Isaac quedo pensativo, reflexionando, nunca se había puesto a pensar en lo
maravillosa que podía ser la vida, había dedicado toda su existencia a la
palabra de All-Mer, pero jamas había experimentado de forma honesta el mundo
que lo rodeaba, y ahora todo eso llegaba por ella.
Su pecho
ardia, pero no una cualquiera, era un calor abrasador, como el de un dia de sol
después de una época fría. No sabía que ella pasaría el resto de su vida con
él.
Las citas siguieron, Marisa llevaba al chico a nuevos lugares siempre, con ella
cada ves mostrándose mas y mas cercana, un dia estaba salvándola de una tribu
de amazonas y ahora esperaban a encontrarse en la iglesia.
—Oye,
Marisa — murmuro — ¿Por qué decidiste volverte mi amiga?
La mujer
callo, pero mantenía una pequeña sonrisa en sus labios, en lugar de eso
contesto con otra pregunta: —¿Por qué quisiste volverte padre?
—Bueno,
fue… —musito tratando de hablar — No tengo verdaderas razones, es solo que
siempre fui un hombre de religión. Sentia que esto era lo que quería, me
gustaba.
—Ujum —
Marisa hecho a reir, fastidiando un poco al de cabello azul.
—¿Puedo
saber que te es tan gracios… — un beso. Eso fue lo que el recibió, un
apasionado y acalorado beso.
—Me paso lo
mismo.
—Yo… —
Isaac solo solto incoherencias, no podía hacer mucho mas que mirar con pánico
hacia todos lados — ¿Te gusto?
—No lo se… —
la chica se adelanto, dando saltitos — solo que, quiero vivir el instante,
contigo.
Eran
pareja, o eso es lo que él quería creer. Cada que sus ojos chocaban se volvia
un cachorro, esos intensos ojos dorados que penetraban su ser hasta lo mas
recóndito de su alma. Habia gente que sabia que sus parejas serian las únicas
de su vida, ¿pero como podía el saber que ella era la indicada? ¿o que no era
mas que un simple romance? Las dudas lo orillaron a leer sobre romance, pero ni
los filósofos antiguos podían dar una respuesta. Solo que, el lo sabría en el
momento, se encomendó a Dios y rogo porque no sea una de sus jugarretas raras.
Marisa siempre pasaba con Reimu, Morry y Vergil, cada que estaban cerca ella
salía para poder saludarlo, solia ofrecerle entrar pero la vergüenza era mucha;
preferia esperar a que estuvieran solos para acercarse.
—Me gusta
verte feliz — el chico de cabello azul había esperado a que la bruja se
separara para poder saludarla.
—A mi
también — la chica se acerco, sintiendo como su respiración recorria por el
cuello del padre.
—No quiero
ser egocéntrico, pero, ¿amplias mas tu sonrisa cuando me ves? —enuncio.
—¿Recien te
das cuenta? — echo a reir, Isaac la acompaño. Cuando ambos se detuvieron
permanecieron callados.
—Marisa —
siguió — eres lo mas increíble del mundo.
Las
mejillas de la chica se tiñeron de rojo, sus dedos se posaron sobre las piernas
del padre para depositar un suave beso que fue correspondido tiernamente. La
vida no podía ser mejor.
Eran momentos felices, las citas se alargaron y lentamente se convirtieron en
secuencias pasionales, incluso no les importaba besuquearse en la iglesia o
hasta en misiones, todo esto no tardo en hacerse conocimiento entre los demás
santos, Morry y Reimu los seguían de cerca siempre.
—Esos dos
se quieren mucho — insinuo la castaña.
—Escuchame,
Reimu, se que aun me quieres, pero tienes que entender mi situación — el hombre
miro fijamente a la sacerdotisa, quien puso una mirada triste —, lo lamento,
pero no es posible.
Con el
corazón el garganta, la mujer bajo la mirada, Morry no había querido ser cruel,
pero no podía corresponder a los sentimientos de su compañera. Paso al lado del
sacerdote y la bruja, quienes solo lo saludaron. Era la ultima vez que se
verían en un largo tiempo.
El tiempo
paso y con ello Isaac y Marisa habian formalizado lo suyo, ambos se habian
centrado en lo suyo; la hechicería y el estudio de Dios. Sus conocimientos los
llevaron a oriente medio, a un país de la sociedad de Guardias rojos, que
vigilaban un material extraño. El vaticano había sido especifico: debían llevar
el objeto a tierra santa a como de lugar.
—¿Listo
para esto, cariño? — pregunto la bruja, mientras un traje se acoplaba a su
cuerpo, dándole una brillante armadura dorada.
—Claro,
amor mio — Isaac estiro sus manos, creando con destellos un intenso brillo en
forma de ave que se unifico a el, dándole el traje de un ave en llamas, un ave
fénix. Solo necesitaron un par de movimientos y llegaron al objeto que
buscaban; este era un símbolo brilloso que flotaba en una cúpula, dos ancianos
lo vigilaban.
—¡Esperen! —
el mas viejo estiro su mano, tratando de detener al fénix, que había dejado
inconsciente a unos hombres y sus tanques —, que salga del circulo arcano
podría ocasionar una catástrofe. ¡Deben detenerse ahora!
Pero esto
no fue oído por el santo, quien solo empujo al viejo sin detenerse, tal vez era
la sensación de sentirse imparable al estar con el amor de su vida, o
simplemente peco de apresurarse, pero lo que paso fue algo de lo que se arrepentiría.
Destrozando el vidrio un haz de luz callo del cielo, un sentimiento de
repugnancia lo invadio, el destello le hizo levatar la mirada, viendo ahora con
temor las estrellas cuyo brillo a su vista deformada ahora eran siniestras, de
temer.
El emblema que sostenía entre sus manos era moldeable, anormalmente moldeable
casi artificial, la magia broto como un maremoto, indundando la sala, chupando
la vida de ambos guardianes hasta que sus ojos se hicieron polvo y sus pieles
se arrugaron quedando en un color oscuro que solo alcanzaría un cuerpo en
descomposición, ante la atónita escena Isaac trato de buscar ayuda, sus orbes
ardían al percibir la luminosidad del objeto, bandas brillantes y distintas a
las de cualquier color conocido en el espectro normal se presentaron ante él,
un nuevo elemento de propiedades ópticas jamas vistas.
Tener tan
solo unos instantes tal talismán causaron que su aura se evaporara y sus
fuerzas lo abandonara, pero su traje le permitia seguir de pie. Figuras de
formas mas alla del mundo físico quedaron impresionadas en la mente del padre,
sintiendo susurros y gemidos en un idioma que no podía descifrar, uno antiguo
posiblemente o incluso anterior a ello, anterior a los propios dioses. Mientras
la masa tomaba una forma extraña e inenarrable ante cualquier punto de vista
humano, un hechizo mágico atrapo el símbolo, era Marisa quien había llegado al
instante a salvar a su amado, pero el costo fue mayor, tan solo pasaron unos
segundos antes de que un circulo mágico creado por la mujer sometiera el
extraño material en la forma inicial, solo para después caer dura contra la
arena.
—¡Marisa! ¡Marisa! — con su cuerpo todavía en
shock se arrastro hacia su pareja, solo para observar el cuerpo frio.
En su
regreso al vaticano fue recibido con hostilidad por el papa, incluso los otros
habian recibido la orden de ignorar y evitarlo lo mas posible, pero eso no
detuvo que interrumpiera en los aposentos divinos. Una sensaicon iracunda unido
a pura locura ahora emanaban del hombre, sosteniendo entre sus brazos el
cadáver resguardado de quien en un pasado había sido su pareja.
—¡Desgraciado!
¡Me enviaste a morir! — condeno Isaac, pero el papa solo quedo callado —¡Marisa
murió por tu culpa! ¡¿Por qué?! ¡Solo contesta!
—Su
sacrificio era algo necesario — aseveró el santo. Tan solo eso necesito oir el
fénix antes de que un grito sin cordura causara que truenos cayeran y una
tormenta oscureciera el vaticano.
Isaac
abandono el vaticano definitivamente, aunque trataron de buscarlo incluidos el
propio Morry y Reimu, pero fue inútil. Isaac ya no se hallaba en ningún lugar
que conocieran, pero lo que le siguió fue aun mas misterioso : un mes después
el papa fue hallado muerto, con su piel totalmente blanca, con una expresión de
profundo pavor grabado en su rostro y con el pecho abierto. Sin el papa a cargo
y sin Marisa, no había quien dirigiera el vaticano.
Pero el
temor de los guerreros aurales solo incrementaba, siguieron uno, dos o tres santos.
Todos murieron de la misma forma, decidiendo tomar medidas, Sol, el santo mas
fuerte entre ellos ordeno que se mantuvieran en grupos de dos, debían evitar a
toda costa que esto se supiera en el mundo, pues los ejércitos de las tinieblas
no dudarían en aprovecharlo, pero las malas noticias solo continuaron; Sol y su
hermana Luna desaparecieron también.
Arthur pese a ser un santo retirado no se quedó de brazos cruzados, en una rápida exploración se dirigio a los
santuarios del este. Su objetivo era ir al santo entierro, lugar donde los
santos eran llevados al fallecer, camino con cautela por las calles sintiéndose
observado por extrañas sombras, sombras que no tenían formas de algún vampiro,
espectro, bestia, sombras con formas imposibles.
—Ai meu
deus… — el anciano se oculto en una antiguo pasaje, por el que avanzo. Sus ojos
chocaron con lo que buscaba; la tumba de Marisa — no, no puede ser… — esta
estaba abierta, cuando se dispuso a confirmar sus sospechas, una explosión
retumbo el suelo, un brillo había chocado con su cuerpo.
Cuando pudo
recomponerse para huir pudo verlo, Isaac, ahora convertido en una sombra de lo
que era. Un poder que jamás había visto brotaba de el, una sensación primordial
de miedo le impulso a huir.
. . .
El mas
pequeño estaba de rodillas, temblando. Había golpeado varias veces el suelo en
lo que oía a Morry y Reimu contar la historia. Cada palabra aclaraba sus
pensamientos mas, y cada cosa cobraba sentido, por eso es que Isaac había ido a
su ciudad; no toleraba que lo hubiera visto y lo conocía bien.
La presión termino por ocasionar que Alex vomitara, un sudor frio recorría cada
célula de su cuerpo.
—El solo
quiere venganza — concluyo.
—Espero que
sepas perdonarnos, Alex —Morry se agacho, Alex acepto la ayuda.
—No tuvieron
la culpa — limpiando su rostro prosiguió —, pero debemos acabar esto cuanto
antes.
Cuanto sus
palabras salieron un fuerte terremoto sacudió al grupo, el suelo empezó a
despedazarse, abriéndose en gritas de kilómetros enteros, para colmo cenizas
empezaron a venir del cielo. Cuanto el grupo levanto la cabeza se topo con lo
que habian estado previendo, el vaticano llegaba de entre las nubes, con un haz
de luz siendo disparo hacia el pqueño santuario. Alex temio por sus amigos,
pero cuanto trato de acercarse a ayudar, una explosión destruyo totalmente la
pequeña casa, la onda expansiva envio por los aires al pequeño quien cayo entre
rocas.
—¡Kaine! —
Morry fue hacia los restos de madera, pero no había nada. Reimu observaba
atentamente a la nave, de la cual bajaron dos figuras como proyectiles, cuando
se hallaron en el suelo se irguieron.
—Luna, Sol…
— la sacerdotisa quedo atemorizada, los dos desconocidos eran otros santos, uno
de rasgos femeninos y con apariencia de reptiloide, mientras que el otro tenia
adornos que lo hacían parecer un toro.
—¡Esperen!
¡Señorita Luna! ¡Señor Sol! — el norhiano corrió hacia ellos — ¿Qué sucede?
¿¡por que hacen esto!?
Antes de
que pudieran moverse, Luna estaba a solo centímetros de Morry, conectando un
poderoso derechazo al estómago del mas alto, gruñendo de dolor, en solo
pequeñas fracciones lo elevo dándole una patada en la cabeza, golpe que acabo
por mandar a Morry no solo por sobre las gigantescas montañas, sino que lo
envio hacia el mar mas cercano, el mar egea, que estaba a cientos y cientos de
kilómetros.
—¡No quiero
luchar con ustedes! — Luna solo tuvo que dar un paso, y en un parpadeo se
hallaba sobre la mujer, pero antes de hacer algo, un rayo paso entre ambas,
rescatando a Reimu.
Era Kaine,
quien estaba agarrando a la mujer con una sonrisa coqueta.
—¿Te llevo?
¿linda? — Kaine recibió un pequeño zape de la chica, antes de ser dejada a un
lado.
—Idiota,
estamos en algo serio… — Reimu levanto su placa.
—¿Quién son
estos sujetos? — el traje rosado se acoplo a su cuerpo.
—Sol, santo
del Toro dorado, Luna, santa del alacrán— pauso unos instantes antes de
confesar algo mas: — , posiblemente después del papa sean los mas fuertes.
Con sus
trajes puestos, se pusieron en pose, una sombra negra cayo, el movimiento
agilidoso les permitió evitar el ser aplastados
por Sol. De su mano broto un gigantesco martillo, lanzo un poderoso
ataque con su arma, directamente al masculino pero este intento fue frenado por
un disparo de aire que empujo al hombre.
—¿recuerdas
que nosotros también peleamos? — era Mina, montada en su traje levanto la
trompa, disprando mas de aquellas esferas traslucidas que no afectaba en lo
absoluto al cuerpo acorazado del dorado.
—Santo
cielo, este tipo es bastante resistente — el castaño dejo que su cuerpo fuera
rodeado de electricidad, instante justo donde pudo evitar un ataque por parte
de un estoque ocasionado por una lanza que provenia desde pliegues
dimensionales distintos.
—¡Cuidado
Kaine! ¡Luna es capaz de atacar por medio de una dimensión plegable que
manifiesta a través de cinco kilómetros! — tuvo que evitar un corte que se
había formado a solo centímetros de su rostro. Con la información obtenida
Kaine cargo electricidad por sus manos, concentrando al punto de fomar sus
raíces, mismas con las cuales espero al siguiente ataque.
Por la
espalda del joven se formaron no solo una, sino que cientos de deformaciones
que doblaban la realidad. De cada una broto un ataque perfectamente
sincronizado que busco empalarlo, por puro instinto sus lianas actuaron por
automatico, creando una pared que le permitio evitar las ráfagas, pero no quedo
intacto.
—¿Cómo se
supone que la ataquemos? ¡Parece estar en todos lados! — puso sus manos sobre
la tierra. Iba a tratar algo en lo que Reimu chocaba espalda contra espalda a
su discípulo.
—Tendremos
que emboscarla — advirtió la mujer, observando el campo de batalla.
Un
sepulcral silencio inundo el combate, Kaine mantenía sus manos sobre la arida
tierra, mientras las palmas de la santa del águila brillaban. Un pequeño sonido
llego a los oídos de la fémina, quien se volteo enseguida mirando con horror
como la guerrera del alacrán brotaba de su dimensión de bolsillo con una doble
patada a ambos. El golpe fue potenciado por su aura, haciendo que Reimu
perdiera el equilibrio y Kaine cayera de rostro contra la arena.
—La
propiedad de su aura es “veneno”… Mientras mas aura tenga el rival mas daño
puede hacernos — eso sorprendió aun mas al otro, sentir tal ataque le
ocasionaba un dolor sin precedentes, como si una hormiga o una araña hubieran
mordido esa zona. Pero no podía dejar que la aficcion lo inutilizara, moviendo
el dedo atrapo a Luna entre sus raíces. Instante donde Reimu utilizo su ataque:
Creando dos palmas de proporciones colosales la aplasto.
—¡Eso fue muy fácil! — celebro el hombre, pero
recibió de contra la lanza de Luna contra su ser, aun si pudo esquivarla
recibió un poderoso roce que le hizo emanar chispas mientras caia de nuevo a un
costado.
—¡Kaine! —
la chica se puso al lado de su estudiante auxiliándolo — ¿no puedes usar tu
tiempo bala?
—Negativo,
si lo utilizo ahora perderé mis raíces.
—Tendremos
que seguir con su ritmo de alguna forma — Reimu apretó sus puños, preparaba
algo mas.
—¿Estas
segura de usar eso? — se mostro afligido al ver a su maestra.
—No tenemos
de otra.
Mientras
tanto, Sol se hallaba entre medio de dos mastodontes, Mina atrapo el brazo con
la trompa. Ikki concentro aura en sus puños dando un aplauso atomico que genero
un brillo tan fuerte que ilumino toda la región, la energía fue tal que los
tres se separaron en medio de la onda de choque, pero aun asi, Sol se levanto,
solo moviendo sus hombros en signo de resistencia.
—Santo
cielo, no recordaba al maestro tan fuerte — el de voz gruesa lucia temeroso.
—No esta
usando su condición… — Mina se rasco el casco.
—Seguro
esta enojado porque me robe su whisky.
—No idiota,
¿y si el maestro y Luna están poseídos? — concluyo.
—Eso suena
tonto, ¿y si Luna y Sol están poseídos? — replico, haciendo a Mina golpearse el
rostro.
—Tratare de
crear una distracción, vos activa tu condición — el otro rio, mientras sacaba
una cerveza.
Mina, con
desasosiego se lanzo hacia el hombre del martillo que se agitaba de lado a
lado. Cuando estuvo en rango la pobre niña fue golpeada de forma descendente,
cayendo de espaldas mientras era aplastada. El arma se modifico, obteniendo un
montón de mini turbinas, esto empezó a ayudar a la fuerza ejercida, dentro de
su armadura un brillo indicaba peligro.
Sintiendo que el casco empezaba a fragmentarse, un milagro en forma de un
eructo saco por los aires al santo dorado.
Ikki ahora
estaba en un intenso rojo, con sus musculos extremadamente inchados y su
barriga ampliada, dando saltos el santo del gorila bailaba mientras sus manos
torpes se alistaban. Sol resurgio de una
montaña, mientras su palma se levantaba.
. . .
—Alex —
Shigeta le dio una palmada al menor —. Despierta, no es hora de descansar.
—Ah, abuela
— su cabeza le daba vueltas y vueltas, puso su mano en su cicatriz antes de
percatarse de los combates a su alrededor —. Shigeta puedo tocarte, ¿tu no eres
una proyección ya?
—Claro que no
— el hombre lo levanto usando telekinesis —, es mas, vengo a ayudarte en esto.
Isaac es un peligro mas grande del que creímos.
Ambos
hombres negros vieron la estructura voladora, con determinación apretaron sus
puños.
—¿Pudiste
practicar tu condición?
—No, apenas
lo use una sola vez….
—Escucha,
si quieres derrotarlo tendras que liberar el acto dos.
—El
siguiente nivel de mi aura… — contemplo sus manos, las cuales lucían rigidas.
—Si lo
logras, alcanzaran la séptima consciencia.
Con una
determinación renovada por la idea, el joven levanto su placa poniéndose el
traje rojo. Siendo levantado por una proyección de energía astral, ambos fueron
directamente a la nave de color dorado, su entrada fue por una pequeña
escotilla en las zonas bajas. La oscuridad invadio a ambos hombres que se
mantuvieron firmes.
—¿Una
ayudita? — el pequeño se detuvo, esa voz le era familiar.
—¿Kaiser?
—¡Alex!
¿Qué haces aquí? — el mexica estaba esposado en una jaula pequeña al lado
estaba Amsi leyendo un libro.
—Venia a
pelear contra Isaac — destruyo las celdas.
—¿Qué
sentido tiene escapar si la muerte al fin y al cabo tocara a la puerta? — uno
de los prisioneros estaba encorvado, mientras que otro de googles sonría.
—¡muchas
gracias amigo! — su tono era extranjero, tal vez de Bohemia.
—No tienes
que agradecer… — el pequeño dejo abierta la salida — Kaiser, Amsi, necesito que
vayan a ayudar a los demás.
—¡Orale
carnal! — agarrando a Amsi, se lanzo hacia afuera. Despues de eso, los dos
restantes siguieron su paso firme.
—Entonces… —
musito en voz baja el mas viejo — ¿Ya no planeas asesinar a Isaac, no es
cierto?
—No, pero
si planeo derrotarlo — ahora su tono y sus expresiones corporales no eran
nerviosas, sino que tranquilas y hasta determinadas. El mago esbozo una
sonrisa, mientras pasaban a una sala de color rojo. Tubos y calderas daban un
aspecto esteril y vacio al lugar, en el centro, sobre una maquinaria extraña
yacia un enorme cristal rojo, del cual emanaban rayos que se movían a traves de
cada circuito del lugar.
— Alex,
esto es un cristal Kiber— Shigeta observo el elemento detenidamente —, si esto
estalla o es retirado de forma abrupta puede liberar un poder comparable al de
una supernova.
Pasmado por
las palabras de su superior Alex trato de negar: —pero es demasiado pequeño.
—El tamaño
no es lo que importa, lo que me da mas curiosidad es como Isaac accedió a
semejante artefacto, se supone que estos existían en ciertos planos de la
realidad.
—¿Entonces
que hacemos? — interrogo.
—Tu sigue
subiendo, yo me encargare de este objeto — con estupor, el de traje rojo se dio
media vuelta —. Y por cierto, cuídate.
. . .
Regresar a
su pueblo no fue fácil para Tarantula, los había dejado sin decir nada ya hace
un año. En ese lapso se había hecho de una reputación en el bajo mundo, pero
tras de eso había renunciado no solo a su verdadero nombre, sino tal vez, a su
humanidad. Visiones de lo acontecido ese dia lo invadieron, ¿Cómo podía tan
siquiera estar caminando entre los suyos cuando hace dos meses había causado
tal masacre? Sus pensamientos se desperdigaron cuanto sintió la mirada de
desden de su hermano.
—Yo… —
guardo silencio.
—¿Te
atreves a dar la cara después de lo que haz hecho? — siendo el nuevo dirigente
de la ciudad, el maestro de fuego se cruzo de brazos.
—Veo que te
enteraste.
—¡Por
supuesto! ¡Eres….Eras mi hermano!
—¡Tu
también tenias esos pensamientos! — trato de replicar el rubio.
—¡Cuando
todavía era adolescente! ¡¿tu crees que esto es lo que padre querria?! ¡Tu eras
su mas grande orgullo! ¡Yo te quería! — pese a tratar de parecer serio,
lagrimas se desprendieron de sus ojos.
—Hijos mios
—un tono maternal resurgio, deteniendo la discusión, era la madre de ambos —.
Su padre quiere verlos.
Los
hermanos entraron, su padre había quedado alarmantemente avejentado, postrado
sobre una cama, aun con eso mantenía su sonrisa.
—Padre — el
rubio no pudo evitar quitar la mirada.
—Apasanka,
siéntate —su semblante tranquila seguía vigente al pasar su tiempo.
—Yo, no se,
no se, ¿Puede Wiracoccha perdonar algo como lo que hice? — sin poder contenerse
mas, lloro, abrazando al anciano.
—Hijo, se
que tal vez jamas puedas perdonarte a ti mismo, pero recuerda que todos somos
parte del ciclo de la vida. ¿Qué es lo que planeabas hacer?
—Creia, que
si acababa conmigo mismo, tal vez — era incapaz de seguir, sollozo llevándose
la cabeza a los brazos.
—Tu muerte
no resolverá nada — el hombre agarro la cabeza de su hijo para poder verlo —,
no puedo decir que debas hacer, pero el espíritu de nuestro dios te mostrara el
camino si lo que quieres es redimirte.
Un fuerte
sismo estremecio la pequeña instancia, esta se extendió por todo el paramo, el
rubio miro a su hermano y, aunque había resignación todavía, solo asintió.
Salio de la casa, antes de que su traje recubriera su cuerpo en un brillo que
tomo la forma de un cisne, con el traje totalmente recubriendo su cuerpo salto
al aire, siendo elevado por dos alas.
. . .
Reimu
agarro la lanza con las palmas, sintiendo el ardor recorrer sus dedos levanto
el arma sintiendo como cientos de finas agujas penetraban sus manos lanzo una
patada al estomago de la mujer, solo para que Kaine ayudara electrocutando con
cientos de volteos unida a sus raíces al ataque. Todo mientras la agitación de
los combates estremecían no solo al país, sino al continente.
Luna agito
su arma, lanzando un brillo que la rodeo, misma que corto en forma circular
todo en cierto rango, el daño afecto a ambos quienes retrocedieron pare evitar
aun mas de la técnica. La sacerdotisa apretó su puño, lanzando una onda de
energía que impacto contra el cuerpo de la mayor, en esa fracción de instantes
acorto la distancia, atacando con su palma hacia el estomago, lo que vino fue
Kaine saltando, dando una patada con ambas piernas al mismo tiempo directamente
al casco. Con la suficiente energía concentrada en sus nudillos la mujer lanzo
cientos, no, miles de golpes épicos que acabaron por dejar el suelo en cientos
de metros destrozados, finalizando su acometida con algo que el santo de rosado
recordaría:
Alzando las manos con ambas palmas extendidas, entre
ambas mujeres se formaron proyecciones de energía de dimensiones impresionantes
al ojo, primero fue el tamaño de rascacielos, y en instantes había tomado una
masa desproporcionada del tamaño de montañas enteras que salio volando por los
aires. Luna fue llevada ante semejante oleada de poder, ondas surreales
cubrieron su cuerpo entre llamas azules que terminaron por sacarla de la
arbitra terrestre. El empuje fue tal que se extendió hacia la luna, esa tarde
ondas espaciales de todos los países detectaron como un objeto de color azul
dejaba en el satélite blanco la forma perfecta de una palma que abarcaba varias
regiones proporcionales al de la tierra.
—¿Ella
estará… Ya sabes, viva? — el rosado se agarraba el brazo, jadeando de dolor.
—Luna
perfectamente podría haber partido la luna con su lanza, no temo por ella, sino
por nosotros.
—Recien
caigo, ¿Cuándo demonios me volvi tan fuerte? O, ¿Por qué no destruimos todo el
planeta todavía?
—El aura
nos permite concentrar el daño y el efecto que ejercemos para evitar extenderlo
hacia la tierra, pero si no la controláramos o, ejerciéramos un poder grande,
terminaríamos por extinguir la vida de la tierra —explico.
—¡Eso no
tiene ninguna clase de sentido! — reprocho, pero su atención fue llevada al ver
como una esfera de tamaño increíble volaba hacia lo lejos, al cuerpo de Sol,
siendo destruido al contacto con este — ¿Qué fue eso?
—Es un
hechizo de Amsi.
Frente a
ellos un cuerpo corto el aire, pasando entre medio de ambos, se trataba de
Kaiser cuyo cuerpo cayo en el suelo.
—¿Crees
poder pelear?
—¿Despues
de eso? Lo dudo — chasqueo la lengua, se dio media vuelta para sostener al
santo de negro.
—Ire a ver
que puedo hacer — inhalo y exhalo —. Deséenme suerte.
Ni la
fuerza en sinergia de los hechizos de Amsi y la fuerza de Ikki era capaz de
equipararse al poder bruto del toro dorado, cuyo cuerpo era rodeado de lo que
parecían ser clavos. El hechicero hizo todo su repertorio, pero ni sus
meteoros, bolas de fuego, bombas acidas, transmutaciones o invocaciones eran
capaces de inmutarlo.
—¿Estan
bien por aquí? — interrumpio, observando al santo de gorila en el suelo, al
lado estaba el mini robot de Mina, con las piernas arrancadas.
—Kaine,
estaba examinando el cuerpo de Sol, debemos golpear su nuca; hay una gran
concentración de magia ahí.
—Nuca,
entendido — con una enorme velocidad corrió hacia el santo dorado, saltando
entre los clavos que venían hacia el. Pasando entre sus piernas lanzo un rayo
pero Sol solo se volteo, intacto, apunto de recibir un martillazo quedo
paralizado, sus brazos y piernas se hallaban congeladas, Tarantula había salido
en ayuda sacándolo del peligro.
—Que
molestia.
—¡Ow! ¡Te
importo! — se mofo.
—No te
creas la gran cosa, solo te salve porque cumpliste tu parte del trato — el
rubio dejo caer a Kaine en el barro.
—Auch,
lastimas mi corazón y mi espalda — el otro bufo, molesto —, ¿crees poder vos
solo?
—Solo, no.
Por eso traje compañía — entre ambos una estela apareció, una de color verde y
dorada. Se trataba de Morry, quien había llegado generando un boom sónico, Sol
bloqueo el poderoso golpe que causo un estruendo secundario, que de no haber
sido controlado por el aura del toro, habría hundido gran parte del país al
mar.
—¡Dios mio,
que barbaro esto! — cuando volteo la mirada, el santo de celeste se hallaba
ayudando al dragon en el combate —. Claro, dejen al narizon solo...
. . .
Estatuas de
figuras históricas antiguas adornaban el pasillo, cuyos colores antes brillosos
habían sido opacados por la falta de limpieza. Con un silencio opresivo la
puerta se abrió, en medio de la oscuridad estaba Isaac, con solo una bata
—Sabias que
este instante llegaría — con voz calmada tomo un sorbo de café.
—¿Por qué
me ayudaste? — Alex no perdió tiempo, solo avanzo con lentitud, poniéndose
frente a la pequeña mesa de luz.
—Te quería
vivo, particularmente sabia del poder de tu abuelo — el sujeto miro a otra
dirección.
—¿Por qué
no a Morry o Reimu? — volvió a cuestionar.
—El aura
que posees es extraña, casi inhumana, me di cuenta que nadie alcanzaría un
nivel tan abrupto de solo portar un traje.
—¿Y como
ibas a convencerme? ¿Amenazándome?
— Era una
opción — tomo un sorbo —. La otra era poseyéndote como hice con los otros dos.
—Me dejaste
vivo solo para probarme, ¿O es por que había algo mas? — el tono del pequeño
cambio abruptamente, al punto que se quito el casco para mirarlo
fulminantemente —. ¿Te sentias mal? ¿Acaso hiciste algo que no debias? ¿¡Acaso
sabias que ella no querria esto!?
—¡Callate,
niño malcriado! — tiro la taza a otra dirección, levantándose —. Mis razones
poco te importan.
—O… Tal vez
te auto saboteaste —concluyo.
—Basta de
palabrería — se levanto, revelando su torso hercúleo desnudo. Alex se puso el
casco, con los brazos en guardia — “Mundo cuantico”.
. . .
Shigeta
había logrado finalmente desactivar el cristal, pero respiraba pesadamente,
había recurido a demasiada magia para solo eso.
—Solo tengo
para otros tres hechizos — con suavidad miro hacia la salida, solo para sentir
una poderosa explosión estremecer la nave, haciéndola perder el equilibrio —.
Esa aura… Es Alex. Pero si fuerza su cuerpo de esa manera de golpe, acabara
con…
. . .
Morry
conectaba rapidos puños por todo el cuerpo del toro, siendo recibido por un
contra golpe que pudo bloquear. En el tiempo que tenia extendido el brazo, el
dragon toco diferentes puntos específicos; el sendo le permitia paralizar y
hasta controlar los musculos de su rival, con un ataque en un nervio especifico
Sol quedo con el brazo extendido, solo para ser incapaz de defenderse de un
poderoso rayo amarillo que dio en su pecho.
—No te
regales, pancho — el santo rosado tenia su girasol a máxima potencia.
Mientras
que por detrás, Tarantula disparo una corriente gélida, tan fría que dejo
infértil y mato parte de la vegetación alrededor. El cambio de temperaturas
ocasiono que el traje dorado perdiera el color y gran parte de sus adornos se
destruyeran. Cuando ambas luces cesaron Sol broto con su martillo extendido, dos
brillos en forma de tornillos aparecieron en los pechos de ambos, Kaine levanto
su cabeza, sintiendo sus piernas tan pesadas que era incapaz de hacer alguna
clase de movimiento con la maza a nada de chocar contra el.
El santo
del gorila, regreso solamente para agarrar al musculoso, con su ultima cerveza
acabada y con el brillando en rojo. Tarantula se deslizo utilizando sus piernas
para golpear al individuo por debajo, haciéndole caer. Ikki fulmino el combo
con un doble puñetazo que ocasiono un espectáculo de luces tremendo.
—Che, no
hay forma que se recupere de eso, ¿verdad? — Kaine se había vuelto un rayo,
sacando a Morry y Tarantula del peligro, pero sus esperanzas se habían
desvanecido cuando vieron a Ikki ser llevado del casco por Sol que solo lo tiro
a un lado.
—Muy bien,
no se ustedes, a mi se me acabaron las ideas — se resigno el santo del cisne.
—¡Necesitamos
un ataque combinado! ¡Tan feroz que no deje dudas de que pueda aguantarlo! —
contesto Morry con sus puños apretados.
—Che, vos
sos medio fantasioso, ¿no? — agrego el rosado.
—De ser
necesario, soy capaz de llevar mi cuerpo a mas alla del limite — Morry extendió
sus piernas, tomando bocanadas de aire. Las ondas de sendo del cuerpo del chico
se habian estado incrementando exponencialmente, algo que se volvia evidente
por cada flor que crecía al pasar del dragon o de como el calor parecía empezar
a agobiar a los otros dos.
—¿Acaso
tienes algo mas en tu repertorio, causa? — eso sorprendio a ambos —, ¿Qué? Es
una forma de decir… Ush, olvídenlo.
—“pe”,
“causa”, “solo Paru la mejor gastronomía webon” — imito entre risas el
Argentalio.
—Eres
irritante.
Pero el
combate se vio interrumpido cuando desde el cielo empezó a caer dos figuras,
una roja y la otra morada. La que poseía alas estaba sobre la mas pequeña,
mientras que de las nubes descendía la nave, incendiándose y con explosiones
ocurriendo a lo largo de sus estructura, estrellándose a lo largo de la
planicie. Nubes de tierra se elevaron junto a los arboles y rocas que eran
arrancadas por el impacto, todo mientras los dos santos atravesaban la tierra a
toda velocidad.
El “mundo cuantico” de Isaac era muy sencillo de comprender, mientras alguien
supiera su nombre, el sería capaz de manipular la cuántica en cuanto este esté
en un rango de 10 metros. Lo que estaba haciendo ahora, era sencillo, había
aumentado su peso gravitacional, aplastando al pobre de Alex, quien sentía el
peso de todo un mundo sobre su ser. La velocidad a la que ambos caian ocasiono
que gran parte de la región se sacudiera, atravesando las placas tectónicas en
solo cuestión de segundos, y, en unos mas, alcanzarían el centro del planeta,
todo mientras el traje rojo se decoloraba.
Pero la
suerte de Isaac se acabo tan pronto sintió sus piernas ser atrapadas con una
presión tremenda. El aura de Alex se había desvanecido totalmente, de hecho,
toda su presencia parecía haberse desvanecido. Sin poder hacer siquiera un
movimiento, un fuerte empuje lo termino por mandar contra una caverna compuesta
de magma y azufre. Cuando se recupero, solo pudo levantar su brazo antes de que
una esfera de energía chocara contra el, destruyendo totalmente esa parte del
traje junto a parte de su brazo.
—Asi que
este es el poder del acto uno —no pudo evitar reir al ver como el rojo estaba
en guardia de box —, ni siquiera mi control subatomico es capaz de resistir tu
daño, ¿Qué será lo siguiente?
—Seras tu.
Rindiéndote. — Alex se puso en guardia de boxeo, desplazándose en solo un
segundo frente a Isaac, quien detuvo la combinación de ataques de puño con
facilidad, pero algo no marchaba bien, por cada bloqueo las zonas afectadas
dolían, como si el chico golpeara la carne al descubierto del fénix.
Manipulando
la estructura subatómica de su cuerpo, pudo regenerar no solo su brazo, sino
que también su traje. Instante justo en el que el pequeño lo envió contra una
explosión interna del planeta, tragándose la explosión de cientos de bombas
atomicas en solo ese instante. Isaac broto nuevamente, con el traje cubierto
del material mas caliente que podía producir la tierra.
—Eres un
inútil… ¡Inutil, inútil, inútil, inútil, inútil! — cientos de portales
aparecieron rodeando al pequeño, sin siquiera poder reaccionar recibió una
lluvia de golpes por todo su ser, desde sus piernas, pecho, brazos y rostro.
Cada uno de estos venía de los propios puños del fénix que lanzaba sus ataques
por un portal.
Con heridas
mas y mas profundas, causadas no solo por los ataques, sino por su propia
condición que obligaba a su cuerpo tensarse al punto que lo dejaba exhausto tan
solo pasar cinco minutos. Apreto los botones de su armadura, intensificando aun
mas todo el castigo, a cambio de volverse invulnerable por tan solo unos
segundos. Sin inmutarse ante el aluvión agarro el brazo del otro santo,
atrayéndolo a través del portal para conectar un derechazo limpio.
“Quintuple
slash”
El
derechazo se repitió, primero fue el doble, después el cuádruple, después el
séxtuple, y asi, hasta alcanzar una potencia casi diez veces superior a la
original, el poder fue tal que mando a Isaac de nuevo a la superficie, donde lo
esperaba Alex otra vez. Pero apunto de lanzar un izquierdazo el tiempo del
“Rage Quit” se detuvo, momento que fue aprovechado por el morado que lanzo un
rayo de pura radiación hacia el chico. Ambos habian salido en una ciudad algo
poblada, donde la gente observaba con temor la furia del fénix.
—Es inútil
resistirte, Alex, manipulo la materia, las energías del universo.
—Me… —
mientras se cubria el rostro con sus ante brazos, el chico dedico otra mirada
al fénix—Rehuso.
Con su
mirada aumentada podía ver sus propios musculos contraerse violentamente por
cada instante, el aura que se negaba a escapar de sus células explotaban como
soles en miniatura, ocasionando que humo se desprendiera de su cuerpo. Si no lo
mata Isaac, moriría por forzarse. Con la consciencia a nada de fallarle pudo
ver algo por el rabillo del ojo, era su otra muñequera que permanecia intacta.
Aun tenia chances, debía liberar la séptima consciencia, debía…
—¡No dejar
que lastimes a esta gente! — el aura azul exploto, rodeando el rayo rojo que
lanzaba Isaac.
La energía
tomo una forma distinta, una forma de espiral. Finalmente, mientras cada tendón
le palpitaba, en cada una de sus fibras una línea de color azul se dibujo,
reconstruyendo las heridas y dotándole de un poder renovado, que exploto con la
fuerza de una galaxia. El poder estremeció al propio universo, cuando Isaac se
percato de lo que ocurria, Alex estaba agarrándolo de la espalda, saltando
directamente fuera del planeta. Dejando un hueco de proporciones bíblicas,
ambos cuerpo volaron hacia la luna, utilizando el cuerpo de Isaac en un suplex
que genero un hueco que abarco todo el lado iluminado del satélite. Incluso,
dejando la palma de Reimu como una hormiga en comparación.
. . .
Sol se
hallaba tambaleante. Los otros tres igual.
—¿Qué chota
le daban a este cuando era chico? — El santo de estaba de rodillas.
—¡Kaine!
¡Atrapa! — Mina, que había salido de su traje le lanzo al santo rosado una
extraña maquina cuadrada que se unio a su pechera.
—¿Qué hago
con esto?
—¡Disparale!
— señalo la pequeña, mientras Sol se disponía a volver a atacarlos. Tanto el
santo de dragon como el del cisne agarraron al rosado mientras apuntaba. Cuando
se hallaba a solo centímetros de atacarlos, una esfera de energía revento no
solo el arma, sino que envio a los tres varios metros atrás a la vez que el
toro era impactado por la energía que lo dejo en el suelo.
—Ah… ¡AH!
¡Santo cielo! — Kaine se quito el casco, con una sonrisa — ¡¿Vieron eso che?!
¡Sobrevivimos! — vitoreo el castaño dándoles un zape a los otros dos, quienes
ni siquiera podían moverse ya.
—¡Chicos! —
Reimu corrió hacia ellos, deslizándose por el suelo para poder examinarlos.
—Estamos
bien, Reimu…
—Verga,
¿Qué pensaría Alex…? ¡Alex! ¡Tenemos que ir a ayudarlo! — el castaño se dispuso
a caminar, pero de solo paso fue lo que necesito antes de caer de rostro al
suelo, ahora idiotizado por un sueño atroz.
—Oh, Kaine…
Hiciste demasiadas raíces, gastaste mucha aura.
—Reimu, no
podemos quedarnos aquí, debemos ir a ayudar a Alex — el santo de dragon
protesto.
—No será
necesario — Shigeta flotaba entre el grupo —. Yo ire a hacerme cargo de el.
Con eso, el
moreno se desvanecio en una esfera que broto desde su pecho.
—No confio
nada en èl — susurro el castaño a Morry.
. . .
Restos de
la luna volaban suspendidas atraves de todo el planetoide, donde se libraba
ahora una batalla sin cuartel. Utilizando las rocas suspendidas el fénix se
impulso dejando estelas de morado y celeste mientras ambos chocaban puños en
patrones que doblegaban la velocidad de la propia luz.
—¡No podras
ganar, Gratham! — girando sobre si, alcanzo a dar una patada al rojo, cuyo
traje estaba brillando intensamente.
—¡Callate! —con
su antebrazo reduciendo el daño, lanzo un gancho al estomago de Isaac,
enviándolo por intermedio del cuerpo blanco sobre el que se hallaban, dejándolo
al otro lado.
Isaac
volteo la mirada, solo para ver con horror como el pequeño había dado la vuelta
en menos de microfracciones, con su traje ahora no solo renovado, sino con una
pechera nueva que se había abierto, cubriendo ahora también con partes solidas
las zonas donde solo se hallaba la tela especial. Ambos puños dejaron ir una
energía que dejaba como nada el poder del sol o incluso cualquier astro,
Shigeta se manifestó a lo lejos, mirando, por primera vez en mucho, con un
absoluto horror lo que presenciaba.
“¡Si ambos
puños chocan…Destruiran el sistema solar, no, la galaxia entera!” El hechicero
hizo señas con las manos, pronunciando palabras inentendibles en idiomas
antiguos, su velocidad aunque era buena, era dejado atrás por la espiral del
puño del rojo y las moléculas que brotaban del puño del rosado. De sus labios
escapo una ultima letra cuando los nudillos estaban a pelo de mosca de chocar,
el resultado fue que, toda la onda expansiva del golpe, junto a ambas palmas
fuera desviada a cientos de años luz de distancia.
“Eso estuvo
cerca… “ el moreno sudaba, viendo con temor como cúmulos de estrellas a lo
lejos habian desaparecido en medio de un mar negro. Pero eso no era lo único a
lo que debía prestarle atención, no, pues la energía de los dos enemigos de
seguir asi… “Van a generar un big bang”.
Isaac freno
utilizando sus piernas, al igual que Alex, que derrapo hacia atrás después del
golpe.
—Tu fuerza,
tu velocidad… ¿Cómo se siente el poder del universo mis… — un dolor
indescriptible empezó desde su brazo izquierdo, extendiéndose hacia su hombro y
después su cabeza —¡Agh!
“Imposible,
concentre energía exotica en cada parte de mi traje, ni su daño atomico debería
ser capaz de resis… ¡Eso es!” Isaac vio como su brazo giraba automáticamente de
forma forzada, cada quark de su cuerpo rotaba violentamente, queriendo romper
su brazo entero, desintegrándose sin explicación aparente. Pero aun con el dolor, transmitio energía morada
por su cuerpo, aparentemente purificándose.
—Le llamo:
acto dos – Giro — El santo de la estrella fugaz apretó su puño, mientras un
aura en espiral lo rodeaba.
—Tus
ataques no servirán de nada — Isaac concentro radiación en un pequeño punto
rojo que ocasiono que su espacio
alrededor se distorsionarse — ¿Qué te parece recibir una supernova en la cara? —la
afirmación dejo inmóvil al pequeño.
—Espera,
¡si haces eso destruirás toda la tierra también!
—¡Ya no me
interesa, se que mi amada estará bien! ¡Remilia misma me ha prometido cumplir
con su parte del trato! ¡Si el planeta estalla no importara! — el hombre,
enloquecido en un frenesí asesino disparo la esfera.
Victima de
la desesperación de no saber que hacer, Alex tomo una decisión. Shigetta trato
de establecer contacto psíquico para avisarle que no se arriesgara, pero fue inútil
en cuanto el niño cargo contra el poder, atrapándolo con el cuerpo. El moreno
solo pudo cerrar los ojos quitando el rostro ante el poderoso estruendo que resonó
por toda la vía láctea. Cuando sus orbes se abrieron no quedo atonito, pero
sabia que no había acabado; Alex estaba intacto.
—¿¡Como es
posible esto!? — Isaac se agito.
—Estoy…Bien…
¡All-Mer es grande! ¡Crei que eso me mataria! — solto un suspiro de alivio.
—¡No! ¡Debias
morir con eso! — Algo le llamo la atención,
era Shigeta —. esto debe ser obra tuya, mago asqueroso.
Isaac cargo
contra el hombre, pero en mitad de eso fue interceptado por Alex en dirección a
los otros ocho planetas del sistema solar. La velocidad era surreal, durante
ese lapso el pequeño se había percatado lo fuerte que se había vuelto, lo
superior que era a Isaac ahora, la cantidad de palizas que había recibido.
Apunto de llegar al planeta mas grande de todos, el fénix golpeo con todas sus
fuerzas al rojo, mandándolo a varios años luz de distancia.
“Oh,
hermano…” Pensò “siento que se me va a reventar la cabeza” Alex sentía la inconmensurable
energía de un universo atraves de si. La verdad era que esperaba algo mejor,
mas extraño, pero no, solo sentía un vacio tremendo en el pecho. Sus musculos
aun rodeados por la rotación de su energía empezaba a fallar, haciendo que una
fatiga horrible lo invadiera, debía acabar ahora a como de lugar.
El fénix brillo
a lo lejos, su poder era tal que abarcaba los mismos tamaños que varias
estrellas juntas, incluso si el sobrevivia, ningún planeta, ni el sol, seria
capaz de aguantar el resultado del ataque. Generando un poderoso brillo, creo
una cúpula de energía que se desplazo por todos los mundos al justo instante
que el fénix chocaría.
Por cada
movimiento se sentía como la colisión de dos agujeros negros supermasivos. La
fabrica de la realidad corria justo peligro, uno que no tardo en extenderse por
la tierra. Poniendose delante de su propio campo de fuerza extendió cada milímetro,
centímetro, kilometro, atraves del espacio solo para lograr atrapar al fénix y
por consiguiente al propio Isaac, cuyo ataque fue desvanecido a cero.
—¡Trata de
atacarme, Alex! ¡Tus golpes no me harán nada! — advirtió con una risa.
“¡Estrellas
fugaces!” la ofensiva fue una fantasiosa hilera de billones de brillos que
cubrieron el propio espacio. Hileras que se deformaban, extendían y expandían
en un espectáculo digno de la creación de un dios, cada brillo mas veloz y fuerte que el anterior,
cada una formando giros en espiral que se desproporcionaban, cada una en cada
posible vértice, angulos incomodos y finalmente, el cuerpo del papa.
Isaac en un
inicio demostró una confianza tremenda, pero que seria finalmente su ruina. Los
primeros cientos o miles fueron desviados entre portales y con sus manos, ni siquiera
el efecto del giro le había afectado en lo mas minimo. Pero entonces algunos
dieron en partes que no esperaba, después sintió el retumbar de galaxias en su
propio ser, nisiquiera la energía infinita que había hacia algo para frenar el
poder extraño del chico. Cada espiral en su cuerpo creo huecos enormes que destruían
el propio espacio-tiempo, consumiendo su traje, y dejando formas de puño en
espira, que hacían que sus huesos, musculos y todo lo demás se destruyera
lentamente, tras solo un segundo, cada ataque le había dado.
Frente al
santo rojo ahora solo había lo que parecía ser una imagen bizarra; el cuerpo de
Isaac dividido en cientos de partes que se arremolinaban atravesó del espacio,
en un giro estelar sin fin. Danzando con la propia rotación del universo a la
par que hasta su alma era condenada a aquel estado.
—No… —
quedo presa del panico.
—¿Qué piensas
hacer? — la voz del mago exalto al pequeño.
—¡Yo no quería
esto! — grito.
—Puedes
contrarrestarlo, Alex.
—¿Cómo? —
el pequeño miro su puño —, espera… ¡Ya lo tengo! — disparo desde su dedo una
pequeña esfera de energía, pero con la diferencia que rotaba en la dirección contraria,
al darle, cada parte de Isaac se reformo, mientras el efecto del “giro” acababa
no solo con la tiranía del papa, sino, con la “venganza” del pequeño.
. . .
—Llevan
mucho rato alla arriba… — El santo de dragon tenia la pierna temblorosa.
—¿¡Podrias
dejar de mover la pierna!? ¡Ya estamos lo suficientemente tensos como para que
te muevas asi la concha putisima de mi madre! — Morry bajo la mirada,
entristecido.
—Perdon.
En ese
instante un pilar de luz cayo del cielo, frente
a los santos se lazaba una figura un poco mas alta. Los que podían se
pusieron en guardia, listos para atacar, pero lo que salio del brillo era el
propio Alex, quien sonreía sin su casco puesto y con la armadura normal.
—¡¡ALEX!! —
el grupo grito al unisono.
—¡Perdonen!
¡es pesado cargarlo! — el chico dejo caer a Isaac a un lado, antes de que
Morry, Kaine y Reimu se abalanzaran a abrazarlo.
—¡Negro alchuete,
no hagas eso nunca mas! —Kaine beso varias veces las mejillas del chico antes
de soltarle un golpe al hombro.
—¡Lo
hiciste increíble, amigo mio! — Morry le apretó entre sus enormes pectorales, asfixiándolo.
La siguiente
fue Reimu, quien beso la frente del chico: —Sabia que lo lograrías, hijo.
Con una expresión
de profunda felicidad, el santo de la cicatriz no pudo evitar empezar a llorar;
ahora con amigos que consideraba una familia y con su objetivo cumplido.
Pero el
ambiente se deformo al instante que un gigantesco portal broto tras de ellos,
se pusieron en guardia, observando varias figuras salir.
—My, my… Le
haz fallado a la emperatriz por ultima vez, pequeño Isaac. —el vampiro rubio iba
acompañado por un grupo particular; El santo con traje parecido a Morry, un
hombre de cabello blanco lleno de vendas, una mujer samurái sin un brazo y con
un parche y finalmente, un wendigo con proporciones parecidas a las de un ser
humano.
—¡Alto ahí,
fracasado! —Kaine salto primero a la acción —, nosotros lo derrotamos, el es
nuestro prisionero — fue ignorado por los sujetos — ¡hey, te estoy hablando!
Antes de
que dijera mas, Kaine apareció delante del grupo de nuevo, lleno de moretones.
—¿¡Que fue
eso!? — Alex socorrio a su amigo junto a Reimu.
—Han ganado
esta vez, tropas de la tierra, pero su suerte no durara mucho — en un tono
afeminado, el hombre wendigo se llevo a Isaac frente sus narices. El portal fue
sellado.
. . .
Aunque con
un sabor agridulce, todo había acabado. La paz estaba en la tierra de nuevo,
¿pero a que costo?, por los combates librados, muchas cosas se debían reconstruir.
La sociedad ya no aceptaría a los santos, pero eso estaba bien, pues finalmente
podrían operar desde las sombras como siempre tuvo que haber sido.
—¿En serio
tenemos que volvernos ya? — Kaine estaba lleno de vendas. Este giro el rostro a
Reimu y Morry.
—Deben
regresar a la escuela, compañeros.
—Los echaremos
de menos — agrego.
—Yo también
a ti, pequeño Alex — acaricio la cabeza de su discípulo mientras eran llamados
a abordar.
—¡Estaremos
en contacto! — Alex corrió, seguido de Kaine — ¡el ultimo en llegar es un
hincha de Boca Plate!
—¡Che, eso
es un golpe bajo!
Fin del primer Libro.
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