Aureal Troopers- Capitulo V
El inicio del viaje
fue complicado, no por algo sobrenatural o algún ataque de un santo
desconocido, sino porque ni Alex ni Kaine habían tenido un viaje largo pues los
inconvenientes empezaron desde que llegaron a la estación de tren, la cantidad
de gente yendo y viniendo mareaba a ambos quienes pese a vivir cerca de la
ciudad jamás se habían topado con tanta aglomeración de gente, el mas pequeño solía
recordar como su abuelo contaba que muchas veces eran lugares horribles llenos
de humo y rateros pero ahora que lo veía de frente, no parecía tan así, por
unos instantes distrajo su mirada, ojeando los pequeños locales fijándose en
los periódicos, leer sin anteojos era algo que jamás pensó en tener puesto que
desde pequeño había sido diagnosticado con un problema en sus ojos,
especialmente en el izquierdo donde portaba su cicatriz de nacimiento. Pero la
satisfacción no duro mucho cuanto leyó la primera plana.
“Ataque del Papa acaba con cientos de vidas”, ver las fotos
de los escombros de su ciudad provoco de nuevo aquel sentimiento ardiente en su
pecho, uno que lo hacia ver la imagen del hombre que había matado a su abuelo.
El sonido de los trenes hizo que volviera a la realidad, junto a las campanadas
de los relojes que marcaban las 12 del mediodía, pasando sus manos por su
cabeza dirigió su mirada a una de las vitrinas.
-Vaya, una biblia de All-mer… - Susurro con curiosidad
mientras se fijaba en unos de los libros, uno de los mas gruesos.
-Oh, veo a un pequeño creyente creo yo… - Detrás de Alex
vino una vos misteriosa y suave, cuasi feminoide que hizo que se diera la
vuelta, frente a el había un hombre de cabellos azules y ojos rojos, algo
inusual en aquellas partes del mundo. Pero lo que mas lo sorprendió fue que
llevaba ropa de padre.
- ¡E-eh, bueno! Realmente es mi abuela la creyente…A inicios
de este año su vieja biblia se rompió y pensaba en comprarle una nueva. – El
pequeño negrito era incapaz de dirigir la mirada al hombre, quien soltó una
carismática sonrisa.
- Debe ser una mujer muy afortunada de tenerte, ¿Cómo te
llamas? - El hombre dejo su pequeña maleta a un costado mientras buscaba algo
en sus bolsillos.
- M…Me llamo Alex, Alex Gratham Da Silva, ¡es un gusto! –
con evidente nerviosismo apenas pudo ver bien a aquel hombre de cabello largo,
había algo en el que se le hacia conocido.
- Bueno, Alex… - el hombre saco una pequeña biblia de mano,
anoto algo y se lo ofreció. El chico Brakiano no pudo hacer mas que aceptar con
vergüenza ante su falta de dinero – Espero que se la des a tu abuela, ¿estas
con ella?
El chico negó mientras guardaba el libro en su mochila,
agito la cabeza para poder observar al desconocido, quien tomo su maleta.
- Viajo…Con amigos. – Tras esas palabras, algo lo golpeo en
la cabeza fuertemente, era el propio Kaine, quien lucía cabreado por su amigo.
- ¡Maldito enano, te estuve buscando por todas partes! ¿Vos
sabes cómo me está puteando Reimu cuando no te ha visto? Ahora me ve como
tremendo carae´ pingo por tu culpa negro carnero – Dijo en pésima entonación en
cada unas de sus palabras mientras observaba al chico sobarse la cabeza con lágrimas.
-Perdón, creo que fue mi error acercarme señor… ¿Puedo saber
su nombre? – Cuestiono el padre.
-Kaine, y solo necesitas sabe´ eso viejo afeminado, - Con su
clásica altanería sostuvo a su amigo, obligándolo a caminar mientras se perdían
entre la gente, sin embargo, Alex no pudo evitar volver la mirada hacia atrás
para notar como el padre había desaparecido.
Reimu se hallaba
esperando a los chicos al lado de un tren, Morry se centraba en un pequeño
libro que leía, la mujer se mostro disgustada ante el pequeño escape del joven.
- ¿Qué fue lo que les dije cuando llegamos?
- Que…
- QUE NO TE SEPARARAS DE MI, ALEX. – El enojo de la
sacerdotisa hizo incluso que bastante gente de alrededor se fijara en el grupo,
los cuales al notar las miradas se vieron forzadas a entrar. Alex y Kaine
fueron rápidos, entrando a una de las pequeñas habitaciones del vagón, Reimu se
sentó al frente, acomodándose para empezar el viaje, aunque Morry no se
mostraba cómodo.
-Che, vos, norhiano pirata, ¿Qué pasa que parece que estas
en una prueba? – Cuestiono Kaine mientras miraba la ventana.
- Yo…Bueno, no estoy acostumbrado a entrar minutos antes de
la hora especificada, me suele disgustar la impuntualidad. – Contesto en tono
amable y sereno.
-¿Entonces es verdad que allá son bien específicos con los
horarios? -Volvió a preguntar Kaine.
- Es algo vergonzoso que hables de ello como si fuera una
costumbre de mi país… - Morry iba a objetar algo más, pero por su mirada se
puso reflexivo - ¿Sabes? Creo que tienes razón, nunca he visto a alguien
impuntual de donde vengo, es extraño incluso subir desde antes en un tren o un
bus.
-Jajaja, hablas como si te hubieran sacado de una
caricatura, ¿Cómo es que sabes hablar español tan bien?
-Bueno, viví un tiempo en varios de los países de la unión
del occidente un tiempo… Digamos que estuve mucho tiempo en tierras españolas,
pero mi acento jamás fue como el de ellos.
-¿Y de dónde sos exactamente vos? Quiero decir, sé que sos
norhiano…
-Soy del reino de Rondon, de la propia capital…
-Mira vos che, salido de capital, ¿eh? -El tono algo hostil
del chico en un inicio había bajado.
- La verdad es que prefiero el clima cálido de estas
tierras, tal vez por eso decidí que mis estudios universitarios serian aquí…
-¿Cuántos años tenés che?
- Bueno…Esto suele ser vergonzoso, la mayoría de la gente
tiende a quedar sorprendida por mi físico, pero para mi es común, tengo 21
años.
-Santo cielo…Tenes la complexión muscular que soñaba tener
ya a esta edad, a que debe ser porque sos un santo. – Kaine ahora parecía
totalmente animado al oír la historia del fortachón, incluso acomodándose un
poco más.
-No realmente…Mi familia suele ser así…
Mientras ambos charlaban al lado de Reimu y Alex, lentamente
el tren emprendió movimiento haciendo que el más pequeño se agarrara de la
impresión al asiento, por unos instantes el mismo sintió como su pecho bombeaba
más sangre, fue entonces que Reimu sonrió.
-¿Nunca viajaste en tren?
-La verdad es que no… - Como siempre, el negrito contesto en
voz baja.
-A tu abuelo tampoco le gustaba, odiaba estar sentado más de
dos horas.
-… ¿Puedo saber si tú conoces a mi mama? – La pregunta tomo
por sorpresa a la mujer de cabello castaño, quien ahora se mostró incomoda.
-Bueno… Algo así –Trato de eludir la pregunta como mejor
pudo, fue momento justo donde el tren empezó a tomar más velocidad, haciendo a
Alex temblar.
La brusquedad del transporte empezó a causar que el chico se
viera notablemente incomodo, junto con un rostro que había pasado de un tono marrón
oscuro a uno totalmente verde, Reimu se levantó con suavidad, para ver al
pequeño detenidamente, era obvio que no tenía un estomago fuerte. Mientras que
Morry y Kaine conversaban, la mujer guio al niño – quien caminaba con
dificultad – hacia uno de los baños que estaban al final del pasillo, ambos
avanzaron sin percatarse de que cuatro figuras habían estado observándolos,
cada una con abrigos voluminosos que impedían que sus apariencias se filtraran,
dos se levantaron para seguirlos mientras el resto parecía armar algo entre
ellos.
Alex entro mientras Reimu se ponía contra el vidrio
observando con cautela el exterior, una vez estuvo sola empezó a dejar caer
algunas lágrimas de sus ojos, podía disimular muy bien varias cosas, pero la
perdida de alguien importante era algo que siempre le pesaba, ver a quien
consideraba como un padre morir había golpeado si psiquis, esperaba estar a
solas con Joey para poder llorar en su hombro, pero desde que había
intercambiado mirada con el nieto del santo de traje rojo algo en ella activo
ese instinto de parecer fuerte. Percatándose de sus lágrimas paso sus manos
para tallar sus ojos, instante donde sintió algo en su espalda, uno de los
hombres que la había seguido saco una navaja con la cual ataco con una
velocidad sorprendente a la mujer, Reimu demostró ser más habilidosa con un movimiento de
piernas logro eludir el ataque quedando en el brazo derecho de su atacante.
Moviendo sus manos de lado a lado, la sacerdotisa conecto un derechazo a la
mano del encapuchado haciendo que su navaja se clavara en una de las paredes.
La chica estaba lista para dar otro golpe, pero demostrando que su rival era
alguien de buen nivel desvió el golpe hacia un costado, contraatacando con un
rodillazo que fue cubierto por una espesa aura de color anaranjado, el impacto
conecto en el vientre de la fémina mandándola contra uno de los extremos del
vagón.
- Este ataque… Eres un santo. – Susurro la mujer adolorida
mientras se levantaba.
- Asesino del vaticano para ser más exacto primor… - El
hombre movió sus brazos, lanzando navajas hechas en base a energía naranja
hacia la castaña, cada navaja parecía cambiar de posición, como si fueran
pequeños misiles teledirigidos.
Reimu unió sus palmas dejando que su energía espiritual
fluctuara hacia sus manos causando un poderoso brillo en sus brazos con el cual
atrapo con majestuosidad cada una de las navajas del santo enemigo, haciendo
piruetas se colocó sobre uno de los asientos cercanos al encapuchado, quien se
preparaba a atacar de nuevo pero esta vez llevándose la sorpresa sus cuchillas
a quemarropa ahora de un fuerte color azul las cuales dieron en todo el pecho
del hombre, atravesando su carne como cuchillas haciendo que la sangre del
hombre saliera a borbotones.
-¿Q…que? ¿Cómo es posible que mis navajas hicieran esto? Se
suponía que…
- Tengo un mejor manejo de mi aura… - Después de decir eso,
la mujer movió su izquierda hacia arriba posicionando la derecha debajo -
¡Muere! ¡Gran extinción de luz! – El santo de ropa empezó a ser rodeado por
extrañas esferas de energía que lentamente se unieron a su cuerpo
atravesándolo, eran fotones que se infiltraron por cada célula de su cuerpo
invadiendo su interior, lo siguiente que vino fue la propia Reimu quien cerro
las palmas, causando que aquellas partículas de luz explotaran dentro del
santo, destruyendo átomo por átomo su cuerpo hasta no dejar más que humo en el
aire.
Tras su ataque mortal la mujer giro la cabeza, sabía que el
santo había venido con otros dos y se llevó una sorpresa terrible, el sonido de
una bala. Al otro extremo de la sala un hombre le había disparado a Alex quien
cayó de espaldas en el baño, en ese instante un enojo la invadió, como si viera
a alguien de toda la vida ser herido de forma tan vil se preparó para lanzarse
de nuevo a la acción, pero fue capturada por una palma traslucida del tamaño de
su torso en el aire.
-¡N…no! ¡Dejame ir! –Gritaba con furia la mujer del listón
rojo mientras el otro atacante salía de una sombra, extendiendo su mano para
formar aquella mano fantasma.
- Fue bueno este trabajo señorita Reimu… - Susurro otra voz,
la cual avanzo con lenititud hacia ambos individuos, cargando un rifle dorado.
A diferencia del anterior llevaba un traje formal con un sombrero cubriendo su
rostro, este levanto su arma apuntando a la cabeza de la fémina –Pero
honestamente decepcionante, esperaba algo mejor. Más aun cuando asesino sin
piedad a mi compañero.
Mientras casi presionaba el gatillo unos ruidos trajeron la
atención de ambos asesinos, los cuales giraron la cabeza para notar como Alex,
quien había estado tirado se había levantado de nuevo, sobando su cabeza la
cual solo tenía un pequeño corte.
-¿Cómo es posible que siga vivo? – Se preguntó el del rifle
con nerviosidad mientras bajaba el arma.
-¡AY! ¡Eso dolio mucho! – Alex estaba desorientado, noto la
sangre en su frente causando que sus ojos se abrieran como platos; había
recordado ya que tan solo hace unos minutos abrió la puerta del baño, siendo
recibido por un disparo en la cabeza pero en lugar de morir, algo lo
defendió…Era aquella extraña energía que había empezado a manifestar al portar
el traje de su abuelo, que por unos instantes había parpadeado cuando sintió la
bala impactar contra su cráneo y salir totalmente ileso.
-¡ALEX, RAPIDO, UTILIZA EL TRAJE DE TU AB…- Una de las manos
fantasmas tapo la boca de Reimu, momento donde el pequeño noto toda la escena,
el pavor invadió su ser otra vez, el temblor empezó por sus piernas hasta
extenderse por todo su cuerpo haciendo reír a ambos sicarios, las risas le
recordaron las veces que sus abusadores lo golpeaban o cuando fallaba en algo.
Totalmente bloqueado solo podía ver como el caballero de traje preparaba su
rifle para dispararlo de nuevo, esta vez un pequeño brillo rodeo el cañón del
arma, formando a un pequeño erizo de fuego en la punta.
-Este tiro es especial…Nunca ha fallado, lo llamo el tiro
del erizo, atraviesa incluso nuestras armaduras pequeño, pero no te preocupes,
lo hare rápido e indoloro…
“¿Qué estoy haciendo?” Alex empezó a charlar consigo mismo
en su mente, ni siquiera sabía que poderes o que podía hacer, solo quedarse
observando “No…No puedo…” Y entonces el cañonazo del arma resonó. El brakkiano
miro el disparo, el fuego que produjo el tiro se extendió hasta el, por unos
instantes creyó que sería su final y habría sido asi, de no ser que su temblor
le permitió alcanzar la placa que estaba en su bolsillo, justo en el instante
en el que el que el fuego golpearía su rostro el milagro ocurrió.
Ahora su cabeza era protegida por el casco de enorme visor, haciendo que el
disparo rebotara en la cabeza otra vez, desviando el tiro a una ventana. Ahora
con un brillo rojo como el sol, el pequeño negrito poso extendiendo su mano
izquierda a un costado haciendo una pose que causo una pequeña explosión detrás
de él.
-¡Ya basta! – Grito el Santo de traje rojo mientras ahora
apuntaba a ambos villanos – No dejare que sigan con esto, ¡Suelten a Reimu
ahora! –El pedido solo causo risa en ambos individuos.
Ya cansado de la actitud de ambos, Alex salto hacia el
francotirador, quien se mantuvo quieto pese a todo, Reimu solo podía pensar en
el cambio repentino de la personalidad del chico, quien había cambiado en la de
un introvertido y tímido a un guerrero mucho más confiado, por unos instantes
pensó en que debía ser un truco del viejo Gratham, pero lo desecho tan rápido
pensó en que él no había tenido previsto que su nieto tomara su lugar. Cuando
el Santo rojo estuvo a nada de conectar un derechazo con todo el peso y
momentum potenciado por su aura el disparo, que, hace nada había salido hacia
afuera volvió a entrar al tren, atravesando el metal del vagon llegando a la
cabeza del chico dándole de lleno causando que fuera empujado hacia una de las
paredes.
-¡M…Merda! –Grito en rabia Rojo, quien había quedado con la
cabeza dándole vueltas tras semejante contra solo para ver con horror como la
bala de fuego ahora se encontraba rebotando de lado a lado, lista para volver a
impactarlo.
-Esta es la habilidad de mi traje, lo llamo “Tiro ardiente”,
algo cliché pero tiene sentido, con solo marcarte utilizando mis ojos soy capaz
de hacer que mi bala siga tu calor, mientras mas gira y se mueve la fricción
solo aumenta, en consecuencia, atravesara tu armazón en cualquier minuto… -
Explico el sujeto mientras movía su palma.
“Aura…” Se le vino a la mente a Alex, esa era la extraña
energía que le había permitido mejorar su vista, la que desbloqueo al usar
aquel traje y la que Reimu y su abuelo habían usado.
-Sea como sea…¡Muere! – El disparo empezó a golpear una y
otra vez al chico, quien levanto sus manos con cada golpe que le daba la bala,
la cual solo había aumentado su velocidad y fuerza, el traje brilloso quedaba
ligeramente chamuscado con cada ataque que recibía. Los que mas le dolían eran
sin duda los que daban en su vientre y piernas.
“No puedo seguir asi…” Alex volvió a pensar, repitiendo cada
palabra que le había dicho el asesino. “Mi bala sigue tu calor…Sigue calor… Mi
calor… ¡Eso es!” Alex estiro su mano, atrapando una cortina, con la cual se
rodeo, cuando la bala conecto fue lanzado hacia una de los asientos.
-El siguiente será el tiro definitivo… - El ataque viajo mas
rápido que antes, sintiendo el peligro, Alex noto como su plan empezaba, con la
cortina y la lana de los asientos había logrado crear una pequeña chispa
resultado del golpe de la bala. Esto causo un poco de fuego en una de las
almohadas del asiento, el ataque final del asesino fallo, pues la bala termino
por cambiar de trayecto hacia aquella pequeña llama, cosa que dejo sin palabras
al del rifle.
-¡Imposible, no…!- Alex rápidamente agarro un extintor de
incendios que había al lado, el cual abrió con sus manos para tirar el
contenido en el rostro de su rival, esto hizo que cerrara sus ojos por unos
instantes, instantes que el Rojo aprovecho, tal y como había hecho hace unos
días con el que amenazaba la vida de Morry, presiono su puño mientras sentía su
energía fluctuar atreves de su cuerpo hasta su brazo y nudillos, cada musculo
se tensó y sintió como sus células parecían estallar, conecto no uno, ni dos,
sino diez golpes en el estómago desprotegido del santo del rifle, el primero lo
hizo casi vomitar, el segundo lo logro, el tercero lo hizo gemir, para cuando
llego al noveno de la boca del tipo del sombrero ya salía sangre, el remate fue
el décimo, con el cual, Alex conecto tan, pero tan fuerte que mando volando el
cuerpo de este contra una ventana, destruyéndola en el proceso justo cuando
pasaban por una zona montañosa, haciendo que cayera en peligrosos riscos hacia
abajo. La caída fue peor, cuando llego al final cayó en una afilada roca justo
con la entrepierna.
-…El dolor… - Susurro el asesino antes de caer de rodillas
al suelo gimoteando…Y que una roca enorme cayera sobre el sin explicación
aparente.
-Oh senhor, en serio no esperaba que las cosas escalaran tan
rápido… - El santo del traje rojo se llevo una mano a la boca por semejante
combinación - ¡Ahora, iras tu!
Apuntando al que restaba, Alex se acerco amenazantemente al
que tenía atrapada a Reimu. En cuanto lo tuvo a unos pocos metros el individuo
empezó a girar las manos, haciendo que en consecuencia el cuello de la mujer
lentamente girara forzosamente hacia la derecha, haciendo que el chico se
detuviera, con la amenaza en aumento Alex sintió algo en su pie, bajando su
cabeza noto que era el arma del otro asesino se había caído. Un pensamiento
fugaz corrio por su mente, todo frente a una desesperada Reimu, que noto como
la concentración del sicario se debilitaba lentamente.
-Ay…- Antes de que alguno hiciera algo, un ruido atrajo la
atención de los tres, era una mucama que al ver la escena solto un alarido para
después salir corriendo. Alex fue mas rápido, en cuanto la vista del otro
volvió a centrarse en el uno de los asientos salió directamente a la cabeza,
con un movimiento de su palma destruyo el mueble fácilmente, pero al igual que
había pasado antes no se trataba de mas que un señuelo, pues el pequeño de
traje rojo rodo sobre si mismo agarrando el rifle. El fogonazo del arma fue tan
potente que se sintió por todo el tren, seguido de un poderoso estallido que se
llevo consigo no solo la pared del transporte, sino también al propio santo
quien acabo en la siguiente habitación con todo su traje quemado y heridas profundas.
- ¡S…señorita Reimu! -El chico ayudo a la sacerdotisa a
levantarse, había sido liberada.
-Gracias, Alex, perdona eso, fui agarra desprevenida.
-No se preocupe señorita Reimu.
-Alex, me llamas de nuevo “Señorita” y me asegurare de que
pases de negro a morado por la cantidad de patadas que meteré en tu rostro.
- E…esta bien se… -Antes de decir algo más, se calló.
- Jeh…Espera, ¡Morry y Kaine! – Ambos se dieron la vuelta,
corriendo de vuelta a la habitación con rapidez.
. . .
Mientras Morry y Kaine se enfrascaban en una conversación
cada vez mas profunda Reimu y Alex salieron, por cada comentario parecía que
Kaine había bajado su tono borde con el norhiano.
-Y que lo digas, ¡Una vez un linyera de la ciudad pelo un
cuchillo y me apuñalo porque le dije que el C.A.T era un equipo chico!
-Bueno, de donde yo provengo había un nivel de barbarie
peor, una vez un hombre del Ranchester United tiro agua empozada sobre otros
fanáticos, he de admitir que me puse a reír. – Mientras el hablaba se percato
de una figura que se hallaba fuera de la habitación, era grande, corpulenta y
hasta desagradable, pues un hedor a quemado brotaba de su cuerpo.
Morry se levantó con
cautela mientras Kaine se sorprendía por el cambio de actitud, cuanto menos lo
espero aquella figura destruyo la puerta con una patada misma que envió a Morry
contra la ventana, destruyéndola con su cabeza. El atacante entro revelando una
porra que dejaba salir electricidad desde la punta, era uno de los asesinos del
vaticano, quien levanto su arma lista para rematar a Morry sin contar que Kaine
con una ventaja de posición se abalanzo sobre él, montándose sobre el gordo
como una araña.
- ¡ATAQUE SORPRESA! ¡CHUPALA PUTO! – El chico de ojos
marrones abrió la boca, mordiendo la oreja del rechoncho con salvajismo,
incluso llegando a arrancar parte del cartílago pero poco duro el intento de
defensa pues el sujeto se estrello junto al adolescente en una de las paredes, haciéndolo
gritar del dolor y consecuentemente haciendo que soltara.
-Fucking argie! Gross Kaiser friend!- Grito en un ingles
asqueroso el sicario quien empezó a golpear al Argentalio con su objeto,
dándole fuertes choques eléctricos.
Antes de dar un ultimo golpe, algo agarro su palma. Era
Morry quien estaba sumamente cabreado y se lo evidenciaba en su mirada, la
potencia de su agarre que aumentaba alarmantemente haciendo que los dedos del
sujeto lentamente empezaran a quebrarse, el sonido de los huesos rompiéndose
hizo que Kaine recuperara el control de si, solo para observar con miedo como el
Norhiano sometía con facilidad al corpulento asesino poniéndolo contra una
pared.
-Ve a traer a Reimu y Alex, ¡ahora! – Kaine se dio la
vuelta, sintiendo un disparo, seguido del sonido de golpes y una explosión
temiendo lo peor.
- Ugh… FUCK YOU,
NIGGER! – El gordo giro sobre si mismo ágilmente, dislocando su propio hombro
mientras conectaba un golpe con su codo en la mandíbula del musculoso hombre.
El ataque lo dejo aturdido, momento donde el hombre salió corriendo hacia la
ventana, lanzándose por esta.
-Auch… - Morry se sobo el rostro, observando a Alex venir
junto a Kaine y Reimu.
- ¡Morry! ¿Estas bien? -Grito la sacerdotisa abrazando al más
alto del grupo, quien se ruborizo ligeramente.
-Claro que si Reimu, ¿pero qué paso con ustedes? Oímos algo
allí al frente, ¿estáis todos bien?
-Si señor Morry. -Contesto Alex antes de que su traje
volviera a desaparecer, quedando ahora con dos placas en la mano, una era el
propio rifle de uno de los asesinos transformada.
- Nos atacaron mientras íbamos al baño, temimos por ustedes
y regresamos tan pronto pudimos… - Reimu acariciaba el brazo del musculoso con
suavidad, pasando sus dedos también por el rostro del hombre, por donde el
codazo le había dado.
El tren empezó a hacer sonar su bocina, estaban llegando a
la ciudad. Para desgracia del grupo, tan apenas la maquina empezó a detener su
camino la estación fue rodeada por grupos militares, los cuales llevaban armas
avanzadas junto a pequeños tanques. Frente a ello se hallaba un hombre de cejas
pequeñas, que hizo sonar un megáfono.
- ¡Atención, Santos! ¡Sabemos que están allí, ríndanse en
paz y eviten un conflicto innecesario! – El hombre en un tono hispano marcado.
- ¿Qué…? ¿Por qué nos persiguen a nosotros? ¡Si los hicimos
bosta nosotros! – Kaine se enojó, observando cómo la gente salía asustada del
tren con los policías revisándolos.
- Debe haber un mal entendido… - Morry fue el primero en
animarse a salir, con las manos al aire, le siguió Kaine y Alex mientras Reimu
estaba reacia quedándose para ver como reaccionaban los soldados.
-¡Quedan bajo arresto por el decreto de los reinos unidos! –
Grito el policía mientras se acercaban a ellos.
-¡Espere mi estimado! -Morry trato de mover las manos,
recibiendo un disparo de un arma eléctrica en el brazo haciéndolo gemir de
dolor.
-¡Desde el ataque a la ciudad se ha decretado de que todos
ustedes serán enemigos del estado, no hagan ni un movimiento hasta que se
ejerzca el arresto! – Por cada paso que daban, los tres eran incapaces de no
sentir algo de angustia ante la idea de que serian perseguidos. Morry sabia que
Reimu no podría hacerlo sola por lo cual tuvo que tomar represalias, tan pronto
uno de los policías se acerco el chico tomo una bocanada de aire haciendo que
su pecho se inflara y causando que su cuerpo brillara, antes de que alguno de
los presentes hiciera algo el chico se hallaba agarrando al hombre de traje de
cuero sobre su cabeza, mientras los disparos de electricidad viajaban a toda
velocidad Morry interpuso el cuerpo del hombre. Por consiguiente cada bala
impacto en el cuerpo del policía, para suerte de los 3 chicos parecían ser
balas inofensivas, Joey apretó fuerte sus puños, mandando al malherido hombre
contra sus compañeros quienes trataron de dejar de disparar haciéndolos perder
el equilibrio.
-¡Chicos, corran adentro! – El defensor de ojos azules piso
con fuerza el suelo, Alex pudo ojear de costado lo que desencadenaba el
movimiento del norhiano, de su pierna se había desprendido rayos de un color
dorado que se extendieron hasta los armados, en cuanto fueron tocados estos
cayeron con sus pies temblando y causando más alboroto.
-¡Rapido, suban! – Cuanto los 3 se hallaban adentro, Reimu
ya los tenía con su boleto de salida, un enorme águila de metal se alzaba
frente a ellos de tal tamaño que abarcaba mas de 3 metros, de un manotazo
destrozo la parte superior haciendo que el grupo se subiera sobre ella.
-¿Qu…AHHHH? – Sin poder siquiera preguntar la bestia
mecánica salio disparada al cielo a una velocidad vertiginosa, atravesando un
vidrio de la parada y surcando los cielos a toda velocidad.
-Pensé que no lo habías traído Reimu… - Morry se mostró algo decepcionado, bajando la mirada para observar los enormes rascacielos.
-Vamos, ¿No te pondrás mal porque traje a Aguila, verdad? – La mujer contesto con cierto tono bromista.
-Sabes que no le gusta estar en su placa… -El tono algo
resignado del chico llamo la atención de Kaine, quien inflo sus mejillas con
capricho.
-¡Jah! ¡Hablan como si fueran pareja! ¿No crees, Alex?...
¿Alex? –El castaño se volteo, observando como su amigo ahora estaba en un tono
verdoso, el mas joven sin poder aguantarlo empezó a vomitar en una bolsa de
plástico que para su suerte su abuela le había puesto para viajes con
movimientos brutos.
- Reimu… Pero si nos buscan quiere decir que no podremos ir
a Miskatonic de nuevo – Volvió a comentar Joey, agarrándose de las caderas de
la castaña para poder ayudarla a maniobrar.
La sacerdotisa no pudo evitar soltar un pequeño gimoteo al
sentir el gentil tacto del masculino muchacho, aquel toque le resultaba
nostálgico, de momentos bastante viejos ya, sentir esas fuertes manos rodear
sus anchas caderas hicieron que se estremeciera… Pero fue devuelta a la
realidad cuando Morry tuvo que tomar el control del ave para evitar que se
estrellaran con una paloma.
-D…Disculpa, me distraje.
-Tranquila… Sabes que conmigo no tienes porque avergonzarte.
- … Iremos a mi santuario.
Morry asintió mientras le dedicaba una sonrisa amable, Kaine
se mostro mas confuso.
-¡Che, están muy pegados ustedes dos! – Su grito hizo que
ambos jóvenes adultos se separaran con un notable rubor.
-Espero que no te moleste que nos vayamos a desviar de
rumbo, joven Kaine. – La mujer cambio de dirección.
-Si voy contigo… ¡No tengo problemas!
. . .
-¡Tengo muchos problemas! – El viaje había durado toda la
tarde, el anochecer estaba a nada de llegar y frente al chico se alzaban
colosales montañas que se extendían por cientos y cientos de kilómetros, la
planicie sobre donde se encontraban era una especie de duna que parecía tan
fría como el invierno.
-Así que aquí es donde haz estado todo este tiempo… - Morry
llevaba las mochilas de sus amigos sobre sus brazos y espalda, caminando junto
a la mujer.
-Quise mandarte cartas, pero no llegan hasta estas tierras
de Valparaiso.
-¡Ahhh! ¡Para! ¡¿Ósea que aparte de que estamos en un
desierto de morondanga estoy en tierra de los culo roto de Valparaiso?!
¡Jaaaah, deja de hinchar los huevos hermano! – Alex pasó al lado de su amigo.
-Ai senhor, me dê força… - Susurro el pequeño mientras caminaba
detrás de su nueva maestra.
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