Aureal Troopers- Capitulo IV

 

Capitulo 4

Sintiendo como las redes apresaban con mas fuerza su cuerpo Morry busco desesperadamente un método de escape, algo que lo ayudara a salir, pero era inútil, cuando trataba de generar su misteriosa energía aquellas redes aislaban todo impulso que utilizara, la presión aumentaba a cada segundo, cosa que lo obligo a estirar su mano.

-¿Q…quien eres? – Pregunto en voz baja el hombre mientras su atacante parecía regocijarse al compas de su ofensiva.

-Deberías poder reconocerme, aun con este casco puesto, es tu culpa por el cual lo utilizo después de todo… - El de traje arácnido se movía de lado a lado de forma errática, jalando más y más al mas alto entre ambos - ¿Ahora…Tienes miedo? ¿Eh chico presumido?

Morry sin embargo solo tomo una bocanada de aire, dejando que su cuerpo se rodeara de rayos dorados que iluminaban como el sol. De un tiron logro liberar su brazo, el cual dejaba ir un aura de color rojo que quemo parte de las redes.

-Ni un poco…¡CAMBIO! – Revelando una pulsera en su muñeca derecha, un brillo rodeo al chico de pies a cabeza, el cual destruyo la totalidad del ataque de Cashr, tras unos segundos Morry se volvió a revelar, ahora con un traje de color verde, con un casco y hombreras bien remarcadas, defendiendo su pecho principalmente junto a sus extremidades, el resto era defendido por una especie de tela semejante al latex que asemejaba a un tipo de chaleco anti balas, parecido un poco al del traje del contrario. Sin embargo, en lugar de atacar, Morry bajo la defensa.

-Escúchame, sea quien seas…No eres mi enemigo, pero no puedes dejar que esta gente siga haciendo lo que va hacer.- Contesto el santo mientras se llevaba una mano al pecho.

-¡No me interesa, lo que tu ves es resultado de lo que tu mismo creaste! -Grito el de traje arácnido, dejando paralizado a su adversario.

-¿Qué…? ¿Yo? Es imposible, no puede ser que seas…

-Tal vez…Morry, la humillación que me causaste ese dia no te la perdonare jamás, voy a matarte aunque para ello deba firmar mi alma con el mismo demonio.

-Espera…Podemos resolverlo, yo…- En ese instante, Cashr se abalanzo a el, moviendo sus manos a una velocidad abrumante, causando que corrientes de viento rodearan a ambos. Antes de que Morry pudiera siquiera pensa algo, recibió ocho golpes al mismo tiempo, en diferentes partes de su cuerpo, la potencia de aquel ataque era digna de un vampiro, al punto que los puños del sujeto rompieron la barrera del sonido. Aturdiéndolo ante semejante combinación, dejando tambien desprotegido varias partes de su cuerpo, Cashr no se detuvo, lanzando sus redes de nuevo, aunque esta vez para su desgracia el de traje verde reacciono con mas rapidez.
Dando un fugaz salto, Morry se colocó a varios metros del suelo, contraatacando con un puntapie perfecto que conecto en el pecho del hombre de armadura rojiza y negra, el efecto del golpe fue contundente mandando al ser contra la pared de un edificio, destruyendo varias estructuras de concreto.

-Espero sepas perdonarme… -Morry se dio la vuelta, corriendo hacia donde provenía el otro aura, pero grande fue su sorpresa al ver el espectáculo.

El santo del latigo se hallaba peleando de igual contra el santo de traje gris voluminoso, aun siendo un anciano el de traje rojo se movia velozmente, atacando en diferentes puntos el cuerpo de aquel abominable hombre, dando en sus rodillas, atrapando el cuerno de su traje y haciendo que se estrellara contra estructuras.

-Si Isaac realmente piensa que con ustedes será capaz de derrotar a Reimu, Shigeta o a Sol, déjame decirte que perderán desastrosamente, - Se burlo el de traje rojo mientras movía su arma con maestría - ¡Solo porque estoy frente a otro de los míos te dejare retirarte mientras te queda honor!

Sin embargo, el sujeto de armadura gris no parecía molesto ni dubitativo, incluso parecia mas sereno que el anciano. Contesto con lentitud mientras lo apuntaba.

-Anciano, deberías haber visto venir esto… - En ese momento, un brillo grisáceo rodeo su cuerpo, había activado su aura; o mas específicamente, su “Condición”.

-Imposible…¿Cómo eres capaz de crear una condición con tu aur…- Antes de acabar de hablar, el anciano de traje rojo cayo de rodillas, aunque Morry ni Kaine o Alex podían verlo, su nariz sangraba debajo del casco.

-El nombre de mi condición es “Stun”, a medida que soy golpeado envió ondas de aura a mi rival según este conecta, cuando activo mi aura, mi rival siente como si hubiera hecho esfuerzos que ni el aura o su propio traje es capaz de tolerar, con la condición de que solo pueden ser golpes físicos. – Dijo el sujeto mientras su energía se concentraba en sus pies, poniéndose en posición de carrera.

-¡V-vamonos ahora Alex, no podemos quedarnos aquí! – Kaine, quien ya estaba demasiado asustado trato de hacer correr a su amigo mientras sus piernas temblaban, pero algo parecía hacer querer ver a Alex que sucedía, una sensación de acercamiento con aquel santo de traje rojo, el deseo de querer hacer algo bien.

-¡Señor Gratham! – Exclamo a lo lejos Morry, quien se dispuso a tomar carrera, pero algo lo detuvo, arrastrándolo hacia atrás con gran fuerza, se trataba de las redes de Cashr, quien había vuelto al combate.

-¡Jajaja! ¿En serio creíste que sigo siendo igual de débil que hace un par de años? – Con ese comentario, el santo araña levanto por los aires al alto, moviendo su cabeza con fuerza, estrellándolo con todas las estructuras que encontraba, el cuerpo de Morry podía aguantar gracias al traje y a su enorme defensa, pero la velocidad y acciones del adverso aumentaron constantemente su potencia, al punto de que se encontró incapaz de pensar en algo sin ser golpeado por algo.

“¡Tengo que pensar en algo! ¡Cada impacto esta haciendo mas y mas daño!” En ese momento, algo paso por la mente del santo, quien levanto la cabeza en alto tan apenas Cashr lo elevo. Tomando una bocanada de aire Morry pudo juntar más de su misteriosa energía (aparentemente, no era de origen aural como si lo era lo de los otros dos santos) se concentro en su pierna izquierda, mientras su cuerpo chocaba contra una pilar utilizo los pequeños segundos que tenia para golpear las redes, rompiéndolas y liberándose en un rápido salto con su traje con varias marcas debido al ataque de su rival.

-Ugh…Siento que iba a vomitar… - Se susurro el chico levantándose, pero su calma temporal fue interrumpida tan pronto vio el campo de batalla, el cual lo dejo sin palabras…

El de armadura del rinoceronte salió a embestir violentamente al santo del latigo, sin embargo, en un movimiento fugaz Alex y cruel del destino se puso entre ambos, cosa que hizo gritar a Kaine de terror y a Morry tratar de hacer algo, pero fue inútil. O eso parecía…

Ante el golpe de aquel individuo una nube de polvo se levantó, la cual no tardo en deshacerse, para sorpresa de Kaine y Morry, el que había recibido el impacto no era mas que el propio santo de traje rojo quien tenia incrustado el cuerno del villano en el pecho sacando chispas cual máquina. Alex estaba detrás, totalmente inmóvil por lo que había ocurrido frente a él.

-No me subestimes solo por ser anciano… - Fueron las palabras del regordete, quien con su fuerza física lentamente empujo al gris, sacándose el cuerno (ahora cubierto de sangre) sin problemas. Esta acción dejo sin palabras al de armadura de rinoceronte, quien miro al hombre con tristeza.

-¿En serio…Haz sido capaz de eso solo para defender a este niño? Ya veo porque el papa te temía…

-No es cualquier niño…Este niño es alguien a quien adoro… -Alex no pudo evitar soltar un alarido, Kaine también se había dado cuenta de lo que ocurría, aquel misterioso guerrero de látigo no era nada mas que…

-¿A…Abuelo?- Susurro el chico de la cicatriz mientras pequeñas lagrimas brotaban de sus ojos.

-No te preocupes, acabare con el y volveremos con la abuela a tomar la merienda – Hablo con voz baja, su latigo brillo de nuevo, mas intensamente que antes, atrasando ambas manos, formo una esfera, causando que el aire se arremolinara alrededor y haciendo que el ambiente se tornara denso, pequeñas partículas de luz empezaron a llegar a las manos del anciano quien fue rodeado por un aura densa y brillosa que parecía deformar el propio espacio. Kaine no dudo y ante la sensación de pavor corrio, agarrando a Alex y huyendo rápidamente.

-Un minuto, Gratham…Si me atacas con eso, desgastaras tu aura al punto de que tu regeneración no curara tu herida, se bien el origen de esa técnica – Advirtio el mas alto, levantando ambos puños para ponerse en posición defensiva.

-Tal vez… O tal vez el ataque te deje fuera de combate, y tal vez aun me queden fuerzas para pelear con tus otros amigos y después acabar con el papa… - Se atrevió a contestar, pese a estar en una situación desfavorable, aquel héroe de guerra no se dejaba deprimir.  

Antes de que el gris tratara algo, el viejo Gratham estiro sus manos hacia el frente, disparando su ataque hacia el adverso, la esfera de energía se torno de un intenso azul que empezó a desintegrar el suelo y destruir el aire, creando un vacio perfecto que le permitió alcanzar una velocidad semejante o igual a la lumínica, incluso para un santo de rango intermedio como lo quera el del rinoceronte poco pudo hacer ante aquel poderoso ataque, el cual impacto en sus brazos. Tratando de desviarlo hacia uno de los lados, la energía termino por destruir los guantes del traje, empezando a elevarlo en el aire mientras golpeaba con un salvajismo digno de un coche dándole a una persona normal, la fuerza fue tanta que la esfera arrastro al enorme hombre por varias manzanas, aumentando su tamaño constantemente hasta llegar el punto que se volvió igual de grande que varios bloques de la ciudad, explotando en un destello que alcanzo el cielo y abrió las nubes,  causando un cráter de varios kilómetros. Mientras nubes de polvo se elevaban por el ataque y la tierra aun se estremecía como resultado de la ofensiva del mas anciano, el cielo finalmente fue despejado, dejando entrar rayos de sol que lentamente desintegraron a varias de las criaturas que aun rondaban la ciudad, en cualquier caso esto habría sido bueno, y de hecho lo era pero algo aun así no marchaba bien, que el vaticano siguiera en el cielo solo demostraba que las acciones del papa no habían cesado en aquella ciudad.

-Me cago en la puta… - Kaine había detenido su huida, volteando la mirada para ver junto a Alex la destrucción causada por la ofensiva del anciano -Tu abuelo es el santo de la estrella fugaz Alex, EL MISMO QUE NOS SALVO ESA NOCHE, ¡El que derroto al emperador vampiro! ¡El mismo que…

-¡Lo se, Kaine! – Alex por su lado temblaba, tenía miedo, no solo por todo el caos, sino también por el hecho de que su abuelo casi había muerto, y peor aun, le había ocultado todo esto esos años. Aunque de cierta manera podía entenderlo, varias cosas cobraban sentido, desde sus misteriosas desapariciones y que su abuela siempre parecía ponerse tensa cuando lo veía marchar con su latigo -Yo…Solo…No quiero que le pase nada.

Kaine iba a hablar, pero una sensación de peligro volvió a invadirlo. El castaño giro la cabeza con lentitud, viendo ante el, otra figura, una que no inspiraba nada de confianza, todo lo contrario, cuando el chico se dio cuenta de quien se trataba, era demasiado tarde. Aquel ser de gran altura agarro de la camisa al chico, frenta a Alex, quien miro también al nuevo individuo.

-Alex Gratham…Es un placer, tu abuelo fue un gran amigo mío… - Llevando una túnica ceremonial de blanco que cubría totalmente su cuerpo, con la altura de un oso y una mascara de oro que borraba absolutamente todo rasgo humano, el que tenia de frente no era nada mas que el causante del ataque a la ciudad; El papa.

Ambos adolescentes tenían el cuerpo paralizado, no era solo el miedo, no, de ser asi tal vez habrían podido huir o siquiera mover sus piernas, pero no, era como si rocas estuvieran atadas a sus rodillas, impidiendo que siquiera levantaran la vista de nuevo. Parecía que aquel sujeto que dejaba ir una habilidad  que generaba una sensación era comparable  a la sensación de un cazador apareciendo frente a su presa. Pero aun asi un destello de esperanza llego en socorro de ambos, era el santo del traje rojo, que como un cometa llego impactando con su cuerpo al Papa, haciendo que este fuera arrastrado metros atrás antes de utilizar sus pies para parar en seco al anciano.

-Gratham, viejo obstinado… Sabia bien que serias una piedra en mi zapato, -Exclamo aquel hombre mientras se quitaba la túnica ceremonial que traía, revelando detrás un cuerpo delgado pero esbelto, sin tener un físico exagerado, los rasgos finos del cuerpo de aquel hombre eran dignos de algún guerrero de épocas antiguas, trapecios remarcados junto a una contextura perfectamente simétrica en figura cuadrada –Sin embargo, te tengo respeto… Te daré la opción de unirte a mí…

-De eso ni hablar, Isaac – Esas palabras resonaron en la mente de Alex, aquel hombre se llamaba Isaac, de algo venia ese nombre - ¿¡Por que le vendiste el alma al diablo!? ¡Que pudo haberte impulsado a ese camino!

-Tu lo sabes bien, ¿En serio crees que la sensacion de perder a Magdalena podría desvanecerse con solo buenas intenciones? ¿¡LA SENSACION DE PERDER A LA MADRE DE MIS HIJOS MORIR POR UN ERROR DE USTEDES!? – El tono de voz del sujeto de la mascara de oro causo una onda que empujo al anciano varios metros atrás, destruyendo con ella gran parte de los edificios de alrededor, haciendo que los escombros quedaran suspendidos en el aire debido a la cantidad de energía que solo sus palabras generaban.

-Está bien que nos hayas odiado por eso… Pero no puedes culparnos a todos, no, todos los humanos por una desgracia así – Hablo el  experimentado mientras trataba de mantenerse a raya de la habilidad de su rival  - ¡No puedo permitir que sigas haciendo esto, espero puedas perdonarme! – utilizando vivazmente su látigo, el hombre empezó a avanzar utilizando los restos de los edificios, cortando a la mitad con la precisión de un cirujano, por cada avance, la onda que generaba el Papa parecía hacerse mas difícil de penetrar, pero manteniendo su espíritu en alto, el de traje rojo empezó a hacer girar su latigo, lanzándolo contra la mano del enmascarado, atrayéndolo a si mismo para conectar un poderoso derechazo que termino por generar una onda de choque que se comparo al estallido de un misil.

Kaine y Alex habían logrado tomar distancia, lo suficiente como para no ser víctimas del ataque, pero las bombas que ambos santos generaban era tal que era imposible ignorarlas, además, Alex se mostraba reacio a escapar, menos sabiendo que aquel hombre que había peleado por años defendiendo a la humanidad era su abuelo.

-Vamos, ¡Alex, no te puedes quedar aquí! –El castaño jalaba a su amigo, sin darse cuenta que un muro empezó a caer sobre ellos, antes de ser aplastados, la pared se desvaneció en un parpadeo. Ambos chicos, quienes ya habían cerrado los ojos esperando lo peor se percataron de ello.

-¿Están bien ambos?  - Delante de los dos estaba una mujer de aspecto frágil, con la piel de un tono casi angelical  junto a un rostro circular y perfectamente refinado con largas cejas y un cabello castaño, sus labios sin llegar a ser extremadamente carnosos reflejaban una sensualidad misteriosa que hizo que el mas alto se ruborizara, pero Alex se fijo en los extraños ojos marrones de la chica, unos que reflejaban el poder de algún animal, pero el sonido de otro choque hizo que mirara de nuevo al campo de batalla, por cada impacto que generaban ambos rivales solo estremecia la tierra y hacia que el cielo tronara, los enormes edificios de alrededor eran reducidos por el solo ademan de los dos titanes.

-¡S-si! – Grito con nerviosismo Kaine mientras Alex se agarraba a el, Reimu agarro a ambos con sus finos brazos, causando que el castaño quedara rojo de la vergüenza y Alex solo pensara en pequeños recuerdos de su infancia, como si su fragancia despertara sus memorias. La mujer solo necesito de un pequeño impulso para mantenerse a salvo junto a los dos adolescentes, por la sorpresa y el impacto no se percataron de que aquella desconocida estaba flotando a varios metros del suelo.

-Tu…Te conozco…Tu eras la ayudante de mi abuelo… - Hablo en voz baja el mas bajito del trio, mientras sus ojos miraban a la chica, cuya ropa constaba de un mono enterizo con mangas y un pequeño pañuelo rojo en el cuello.

-…Alex, haz crecido mucho… - La mujer de cabello castaño acomodo su listón un poco mientras Kaine la miraba casi hipnotizado, era una mujer hermosa después de todo.

-¿T-tu me conoces? ¿A mi y a mi abuelo? – Alcanzo a preguntar el pequeño negrito mientras sus manos temblaban por el miedo de aun estar en medio de una zona de combate.

-Si, el me entreno, fue casi como un padre para mi, – La chica se agacho para ponerse a altura del joven, sus dedos tocaron el rostro del chico de ojos grandes, sus orbes negros chocaron con los marrones de la femina, esa sensación era una que solo había sentido con su abuela, era una tal que lo hizo sentir hasta confiado de si mismo – eres valiente, pero debes huir mientras puedas, tu y tu… - La santa giro la cabeza, mirando con sorpesa como Kaine babeaba al verla – Amigo. ¿Puedes hacer eso? Prometo que traeré de nuevo a nuestro abuelo.

Tal vez era la propia energía que emanaba la mujer o que legítimamente, el confiaba en que todo saldría ben pero un poco del pesar del chico ceso, al mismo tiempo que Kaine recuperaba sus cinco sentidos ambos se dieron la vuelta, totalmente dispuestos a abandonar junto a los demás refugiados.  
Aunque a medio camino ambos fueron sorprendidos por otro impacto que estremeció con violencia la ciudad, mientras los hombres gritaban y ayudaban a las mujeres y niños, Alex y Kaine devolvieron la vista para ver un gigantesco hongo cuya onda de choque hecha de aura se expandía a velocidad alarmante. A solo segundos de que el estallido llegara a ellos una figura de traje verde se posiciono por delante, era Morry, quien de mover sus manos empezó a deformar el aire, era difícil determinar si solo por su fuerza física o con alguna técnica misteriosa, el hombre con cada movimiento generaba extrañas figuras en el espacio aunado a extraños rayos de color azulado que recorrieron desde sus piernas hasta sus manos y extendiéndose por cada metro donde estaban los sobrevivientes. En cuanto el ataque llego, una gigantesca proyección se formo sobre todos los presentes, la onda fue repelida ante aquella extraña y casi onírica imagen de dragón occidental, la cual ni siquiera palideció ante la ráfaga.

Alex y Kaine se agacharon junto a algunos hombres y niños, tapando sus oídos por el estallido mientras el viento destrozaba los edificios de alrededor, dejando solo vestigios de lo que parecía ser antes una prolífera ciudad. Finalmente, Kaine se atrevió a levantar la cabeza mientras temblaba del pavor solo para horrorizarse, lentamente paso sus manos por su chaqueta escolar negra, sacándosela de forma desesperada para poder tirarla al suelo de la mera rabia, Alex por su lado estuvo en esa posición por un buen rato junto a los niños, los adultos por su lado empezaron a llorar, los mas viejos abrazaron a las mujeres y los infantes solo sacaban alaridos.

-I…¡Imperdonable! – Grito el santo mientras se quitaba el casco al ver la destrucción, la cual había reducido a solo cenizas y recuerdos aquella capital, cientos de vidas, personas tranquilas cuya existencia había desaparecido, Kaine no pudo evitar observarlo con el mismo enojo, solo para darle una patada en el rostro, haciendo que el chico de familia rica cayera de cara al suelo.

-¡¿Por qué no estuviste ayudando?! ¡¿Qué mierda hacías, eh!?- El castaño empezó a golpear al chico de traje verde en el suelo, una y otra vez mientras que solo se estremecia con cada golpe- ¡PUDISTE HABER EVITADO ESO! ¿NO? ¡YA NOS SALVASTE UNA VEZ, VOS PODIAS HACER…- Kaine fue detenido por el propio Alex, ¡cuyos ojos estaban inyectados en sangre!

Morry giro la cabeza, mirando a Alex y Kaine, de sus orbes azules caían lágrimas al igual que los de la gente, igual que Alex, así mismo como el propio Kaine, quien de la impotencia dejo caer un par de lágrimas. Había oído de las grandes bombas de hidrogeno y de cómo estas nunca fueron usadas para ninguna guerra, los videos que pasaban por la tele evidenciaban un poder militar jamás visto por un ser humano, pero esto era diferente, muy diferente en todas las proporciones, la había vivido de frente además de ver como esta afecto a una población que ni siquiera estaba armada, que siquiera tenía algo con lo que hacer frente a siquiera wendigos o bestias  de bajo nivel.

-¡PORQUE DE TODOS LOS PUTOS LADOS TENIA QUE SER ACA!- Fue el último grito que hizo el castaño antes de derrumbarse… Alex giro la cabeza al oír un gemido ahogado, frente a el estaba aquella figura que podía representar una pequeña esperanza. Era su abuelo, cuyo casco estaba totalmente destrozado, dejando a la vista como su visor había estallado por el combate, y de como los golpes habían causado que su ojo derecho tuviera un derrame, pero lo peor era su brazo, el cual había quedado totalmente destrozado, dejando a la vista un enorme trozo de hueso que sobresalía por su hombro, su traje había quedado decolorado.

- ¡ABUELO! - Alex grito con euforia, alejándose del pequeño grupo, haciendo a Morry y Kaine recomponerse para seguirlo, pero el pequeño respiro de ambos se volvió en uno de terror al ver como el mas pequeño mientras sostenía a su moribundo abuelo ahora era acorralado por aquel voluminoso y monstruoso santo de armadura gris, cuyas palmas habían quedado negras por el ataque del anciano. Este había logrado sobrevivir de alguna forma que ninguno de ellos entendía, siquiera Morry habría sido capaz de aguantar tal ofensiva de su superior.

- ¡A-alejate!- Grito en desesperación el más pequeño mientras abrazaba al santo de la armadura roja.

-Perdóname niño… Esto no es nada personal, pero debo acabar el trabajo ahora… - Hablo el mas alto, Morry, por su lado trato de anteponerse, pero unas redes apenas visibles al ojo humano agarraron sus extremidades, sometiéndolo en el aire, el chico no pudo hacer mas que soltar un gemido ahogado ante la sensación de su cuello ser aplastado por aquella trampa.

- ¡No dejare que interfieras, Joey Morry! ¡Acabare contigo ahora! – Era Cashr, quien había regresado al combate en el peor punto.

Sin embargo, quien estaba peor era Kaine, quien ahora temblaba ante la idea de ser un inútil, un inútil, como él había sido hace años, como aquel vago que dejo que su abuelo se muriera, aquel mismo que malgasto años importantes en vicios y peleas estúpidas…No, el ya no lo era. Con una determinación tremenda agarro una barra de metal, solo para abalanzarse contra el enorme santo rinoceronte, quien no se inmuto ante los golpes.

-¡Alex, debes huir! ¡Porfavor! -Gritaba el castaño mientras sus ojos se cerraban con fuerza, golpeando con todas sus fuerzas por mas que el pequeño metal se hubiera roto hace rato y el abominable hombre solo recibiera los ataques -¡Y-yo…Gracias por ser mi único verdadero amigo!

Mientras Alex observaba pasmado el movimiento suicida de su amigo no aguanto el alarido de nuevo, ver a alguien a quien quería tratando de pelear contra una fuerza inamovible solo lo lleno de un intenso calor unido a adrenalina que aumento en el momento que su abuelo puso su único brazo bueno en el pecho de su nieto antes de pronunciar sus ultimas palabras…

“Cuida a tu abuela”

Mientras los dos villanos se divertían no se percataron de la metamorfosis, sin que se dieran cuenta, aquel traje rojo fue transmitido al pequeño Alex, cuyo cuerpo brillo en un intenso rojo como el sol, un nuevo visor y un brillante pecho se acoplaron al chico quien se levanto sosteniendo el cuerpo sin vida del quien había sido su figura paterna desde su crecimiento. Ante la sorpresa de Cashr y el rinoceronte, ahora el chico poseía el traje de su abuelo mientras ondas de color azul cubrían su ojo, de alguna forma el traje había liberado el aura del chico, misma aura que se desprendía hacia arriba, formando una imagen fantasmal de un guerrero de piel desnuda y músculos monstruosos, quien era cubierto por pieles de animales.

Mientras el chico dejaba a un lado a su abuelo, se dio media vuelta para ver a Cashr primero, sin ninguna clase de consciencia, este separo sus piernas para soltar un grito primal que estremeció el cielo, y, antes de que el de traje de araña pudiera hacer algo, fue sorprendido por un golpe en el pecho del propio Alex, quien había conectado con un efectivo derechazo cubierto por la esencia de su alma, maximizando tanto el ataque que fue enviado por lo que quedaba de algunos edificios, destruyendo consigo varios de los restos de los edificios, para colmo, la sensación del impacto parecía haber atravesado incluso su armadura, como si aquel ataque fuera capaz de ignorar incluso lo que defendía su carne.

Ante aquel movimiento, Morry finalmente fue liberado, momento donde el mismo Alex cayo de pie junto a el, observando al rinoceronte, quien hizo sonar sus nudillos.

-Tu…Tu fuiste de los quienes lo mato… ¡Te voy a matar hijo de…! – Alex se desplazó, como nunca pensó que lo hiciera, su movimiento rompió la barrera del sonido, en ningún momento considero o contemplo tener tal poder, uno capaz de rasgar la tierra y hacer lo que jamás pensó, sus músculos, sus sentidos, todo en el se sentía como si fuera un animal, podía olfatear lo que sobrevivió de la fauna a metros bajo la tierra, podía sentir la textura de las cosas que rozaba, podía oír como a unos kilómetros una niña lloraba rogando por su madre, y podía…Ver…Podía ver sin anteojos, su vista estaba tan maximizada que podía atravesar incluso el grueso blindaje del santo más alto, anticipándose a su contra golpe por medio de notar sus contracciones musculares como si una imagen impresa fuera.

Con la elegancia de un trapecista salto sobre el puño del musculoso hombre, preparando su puño listo para atacar a su cabeza, pero lo que habría sido un golpe efectivo fue bloqueado por la otra palma del macho, quien sostuvo su mano con tanta fuerza que casi parecía que su armadura se rompería, la sensación de tener sus sentidos tan estimulados hizo que el dolor fuera tal que Alex grito fuertemente, antes de ser estrellado contra el suelo varias veces como si fuera un trapo sucio, no ayudo en nada que, aquel sujeto procediera a estrellarlo contra escombros y golpeara numerosas veces en el estomago y rostro.

- ¡ALEX! - Kaine, quien estaba en el suelo tras la impresión apretaba sus dientes con ira no podía siquiera mirar como su amigo era masacrado por aquel sujeto.

- ¡Aléjate…! – Morry utilizo su hombro para chocar contra el Rinoceronte por su espalda, haciendo que este se volteara.

-¿Eso es un golpe? Te olvidaste tu casco por cierto…- Morry trato de golpearlo con una rápida patada a las pantorrillas, pero utilizando su fuerza superior, el santo de gris agarro la pierna y cuerpo de joven Norhiano, levantándolo como un muñeco para estrellarlo con todo su peso en el suelo, haciéndole escupir sangre, esto, aunque inútil permitió a Alex liberarse, arrastrándose hacia un costado – No te iras a ningún lado niño…De verdad tu abuelo fue un idiota al querer meterte en esto…

Preparando aquel enorme cuerno que había causado que su familiar fuera empalado, el de traje gris estaba a nada de rematar a Alex, pero casi como un ángel, ella estaba allí, era Reimu, quien llego con cientos de brillos revoloteando alrededor de ella. Con una velocidad que incluso para el era asombrosa, libero aquellos brillos en cientos de direcciones contra el rival, haciendo que su ataque golpeara en todas partes el traje del gris. Finalmente, la mujer remato utilizando un poderoso laser de energía que broto de su palma derecha, mismo ataque que había utilizado su abuelo, pero con una masa y tamaño superior, tal ataque esta vez fue lo suficiente como para noquearlo, aunque sea un rato.

- ¡Alex, Morry! – La mujer rápidamente auxilio a los chicos, junto a Kaine, finalmente pudieron escapar de las ruinas de la ciudad.

. . .

El día del entierro fue gris, su abuela lloraba a mares mientras la gente del pueblo se reunía a darle su despedida al viejo Gratham, Alex solo miraba abajo, ya había llorado todo el tiempo desde que Reimu lo salvo, Kaine había tratado de todo para animarlo, pero no podía, ¿Qué podía hacer? Había perdido a su abuelo. Mientras se hallaba sentado, Morry camino a él, incluso pese a haberse visto solo dos veces, se sentía extrañamente bien ser acompañado por aquel hombre, le hacia pensar en que tenia un hermano mayor, cuando levanto la cabeza se topó con aquel fortachón con lagrimas también, sus ojos azules llenos ojeras y hundidos revelaban que no había tenido buenas noches.

-Yo…Perdóname Alex, si hubiera hecho algo…

-No…No señor Morry, se bien que trato lo que pudo y se lo agradezco. -Al decir eso, observo como el musculoso caminaba hacia Reimu también. Ella estaba allí, se había quedado a dormir esos días junto a su abuela, quien la conocía bien. La chica de cabello castaño camino por la pequeña iglesia de All-Mer, dando el ultimo adiós al fallecido, solo para dirigirle una ultima mirada a Alex, antes de salir junto a Morry - … No…Yo no, no puedo quedarme aquí después de eso.

Desde aquella tarde, Alex no podía quitarse las voces de los 3 santos que habían atacado la ciudad, siempre estaban allí, resonando en un eco constante en su cabeza, las palabras del rinoceronte, del papa y las ultimas palabras de su abuelo. Al final, acababa con una mezcla de rabia y miedo que solo causaban que golpeara la pared de su habitación hasta romperla. Paso su mano por su rostro tratando de calmar aquellos pensamientos invasivos que volvían a su mente. Quería justicia…No, quería venganza, lo sabía, podía sentirlo bien, la idea de un sentimiento tan amargo que a esos grados solo podía irse con el dolor de aquellos quienes habían matado a alguien tan querido, sus palmas negritas se tensaron, formando un puño de puro coraje, no iba a dejar que se salieran con la suya.

Se levanto mientras su abuela lo abrazaba, asustándola, no dudo ni un instante en salir corriendo detrás de los dos compañeros de su abuelo, seguido de Kaine quien también estaba en el velorio.

- ¡Señor Morry, señorita Reimu! – Grito el chico, quien llego detrás de ellos - ¡Esperen…!

- ¿Qué sucede Alex? – La voz apacible de la femina calmo un poco aquel sentimiento de ardor en el pecho del chico.

-Yo… -El joven mostro la pequeña placa de su abuelo, en ella se hallaba aquel traje que este le había heredado - ¡Yo…Quiero ser un santo!

Esas palabras solo causo mas duda en los mayores, quienes se miraron por unos instantes con duda. Reimu volteo la mirada a Alex de nuevo, soltando un suspiro.

-Alex… Se que estas enojado, pero no puedes tirarte a ser un santo de un día para el otro, hay todo un proceso, yo y Morry entramos desde jóvenes para prepáranos, y aun así no fuimos capaces de hacer mucho, ni siquiera éramos igual de fuerte que Gratham. – La mujer trato de convencer al negrito de la cicatriz, pero este solo negó con la cabeza.

- ¡Tengo 15 apenas! ¡Yo se que puedo, pero porfavor, no me nieguen esta oportunidad…!

Morry sentía que el chico tenia una segunda intención, aquella mirada triste no era honesta, pero trato de convencerse de que no era solo un presentimiento tonto.

-Alex, se que estas enojado… - Dijo Morry mientras se agachaba – Pero ahora debes ser fuerte para ayudar a tu abuela, yo no me perdonaría si algo te pasara, siento que todo eso pudo haberse evitado si tan solo yo hubiera podido hacer las cosas mejor…

- ¡Señor Morry, usted vio lo que pude hacer contra ese sujeto de traje arácnido! ¡Si pudiera repetirlo le aseguro que seria igual de bueno que mi abuelo!

- … Alex, no pienso decirte que no… -Fue lo que dijo Reimu, sorprendiendo a Morry – Pero, piensa en que a partir de ahora tu vida correría peligro, que tendrás que entrenar conmigo al pie de la letra y que tendrías que venirte muy lejos para poder hacer todo esto.

-Reimu…

-Yo acep…

- ¡ACEPTAMOS! – Kaine llegaría por detrás, dándole tremendo zape a Alex que lo mando al suelo.

- ¡¿Kaine?! – Alex despego su rostro de la tierra, percatándose de que no llevaba ya sus anteojos.

- ¿En serio crees que te desharás de mi tan fácil? Además, yo y tu abuela sabíamos que harías esto, no pienso dejarte solo – Kaine volteo la mirada a la sacerdotisa y al universitario – Si el va, yo iré con ustedes…

Reimu iba a negarse, pero Morry puso su mano en el hombro de la fémina, mirándola ahora con una pequeña sonrisa.

-Si algo le pasa a el o a Alex, yo me hare cargo… - Contesto el chico de orbes azules.

-Está bien…Kaine, a partir de ahora tendrás que hacerme caso a mi y a Morry, ¿Aceptas?

-Por ti, claro que si. – Dijo de forma presumida antes de guiñarle con una sonrisa.

-Bueno, bueno…Pasaremos a buscarlos mañana al amanecer, preparen las cosas que llevaran.

Después de esas palabras, Reimu y Morry se dieron la vuelta, aunque estaban todavía preguntándose sobre si hacían lo correcto, confiaron en aquellos dos chicos. Alex y Kaine al quedarse solos se miraron por varios segundos con una enorme seriedad…

-… ¡SEREMOS SANTOS! ¡JAJAJAJAJAJA! -Kaine, como una hiena empezó a reir de la emoción mirando arriba.

-¡VAMOS A HACERLO! – Alex, cual foca retrasada empezó a mover los brazos de lado a lado mientras daba pequeños saltos.

La despedida de Alex y su abuela fue difícil, ella debía aceptarlo, era el destino que su esposo había elegido después de todo, uno que indudablemente iba a caer sobre él tarde o temprano, cuando estuvieron frente a frente no pudieron pronunciar ni una sola palabra, solo mirarse a los ojos. Aun recordaba esa tarde triste donde su hija dejo a su cría con ellos sin nada de pudor, solo tirándolo como un perro o algún juguete del cual se aburrió.

-Prometo regresar… - Fue lo que dijo el nieto mientras se separaba de ella.

-Se que lo harás, Alex… Eres un buen chico. -La anciana se limpió las lágrimas mientras sonreía tristemente.

-Prometo escribirte… - Una bocina sonó afuera, era Morry en un auto.

-Espera…Hijo – La mujer antes de que el se fuera le hablo -El estaba orgulloso de ti…

Con algo de esperanzas recuperas, Alex le sonrió a su única familia, solo para después salir en total silencio, sin saber que empezaría un camino sin retorno.

 

 

 

 

 

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